martes, 21 de marzo de 2017

O.D.A. (Aleatorio bar 26/04/2017)

La primera vez que oí su voz borracha
fue como la primera vez que oí su voz,
con esas notas acrílicas en las vocales
y esa caricia metálica de la lengua
eyectada directamente hacia el cielo.

La primera vez que oí su voz, supe que nunca jamás
se dejaría de oír en mi cabeza:
"iré a despertarte por la mañana, cosa",
o, como siempre, "qué piensas".
Qué piensas cuando miras el techo de esa forma.
Qué piensas cuando me abrazas y lloras.

Su voz...
era el instrumento más bonito jamás soplado en mi cabeza,
su voz era masticarla recién levantada y viajar en mi voz
hasta su boca para dotarla de saliva.
Convulsiono cuando tus frecuencias se dibujan
en mis retinas,
me coso los párpados cuando te sugieres abstracta, tuya,
a través del amplificador de papel de mi bolsillo.

Es tu voz absenta pura y magia,
trance robótico, circuito eléctrico de ropa y pelo,
espejo del olor de tu cintura, carboncillo de todo tu bienpensar,
jarra de cerveza fría y constelación de abrazos
muerta en vida en el espacio.

La última vez que oí su voz borracha,
supe que era la primera vez que precedía a la nada,
inventé sus vocales acrílicas y me rendí
en el paladar debajo de su lengua
incapaz de volver a tocar su cielo.

Oigo voces, oigo voces,
y antes de todas siempre está la suya.

jueves, 16 de marzo de 2017

Enclave

Me atraganté de miedo. Me mataba la posibilidad de necesitarte para dormir. Me dolían los ojos al mirarte, casi tan alta como el cielo, la más intensa de todas. Torcí mi cuello para darte el beso más precipitado de mi vida y apenas me dolió. La primera vez que te vi aluciné con lo que después soñaría y con lo que terminaría por suceder, me arañaba el estómago la ausencia de dudas. Primero sucedió el alcohol, después la posibilidad y por último el miedo. Tan rabiosamente pícara, tan alucinante. No. Me faltaba el aliento para gritar que eras demasiado para mí, que no cabías en mi vida. Dejarte entrar y morir serían uno. Todavía se corren mis palpitaciones cuando pienso que me has visto débil y fuerte, que me has tenido a tu merced en cualquier superficie blanda, que merecí la pena, que fui algo más. Es terrorífico que alteres mi respiración diafragmática. Inexplicable el no deberte nada y querer hacer la primavera contigo. Si tan solo...
   Demasiadas explicaciones, demasiados cambios. Demasiados puntos débiles lacerando una Cosa inquieta. Resacas emocionales del milenio. Naciste sabiendo joderme la calma, eres la natural, y así como no voy a arder del horror. Yo, que tan solo quiero sentarme a ver pasar los trenes. En noches como esta se acaban los mantras de mi defensa absoluta. Necesito otro vaso y un abrazo, limpio.

domingo, 12 de marzo de 2017

Que se pare todo, como se paró ayer. O que se vuelva a mover y que nunca se detenga. Que vacío me siento sin mis lágrimas. Joder.

sábado, 11 de marzo de 2017

Cosas que escribiría en tu pared

Veamos, pues, qué puedo escribirte que no me hayas escrito tú ya en este inexistente intercambio de misivas, de palabras, de novelas y de poemas. Porque me falta la inspiración siempre que estoy a tu lado y la incomodidad es menor con la luz apagada y lejos, ¿no crees? Olvídalo, es de día.
   Te doy las gracias por alargar mi vida con vino y nueces, por reducirla con sexo y por llenarla de encuentros extraños y precipitados. Por insistir en contar esta historia que yo nunca quise escuchar y por enseñarme que hay más locos navegando solos en el mar. Por tener una fe inquebrantable en mí alimentada de tus supersticiones, tus amuletos, y tus rituales. Siempre has tenido el azar de tu parte y aunque no tengas los ojos enormes y marrones te las has arreglado para cruzar tu mirada con la mía con una periodicidad tan poco casual que a veces asusta. No frenes ahora que estás tan viva. No te pares en mi puerta, porque no te merezco. Jamás he estado a la altura de tu metamor, nunca he estado tan loco, nunca he sido tan mío. No me he detenido ningún momento a pensar que fuera el momento, solo iba y venía a mi son, al tuyo, matando el tiempo tirándole nuestra ropa encima. Tu olor me sigue volviendo loco.
   Eres mucho más que eso. Estoy convencido de que lo tienes todo por llegar, pero no me creas, porque soy un mentiroso crónico. Será la mayor de las serendipias y con mala suerte yo seguiré sin estar para verlo. Cuídate, sobre todo mejor de lo que lo has hecho hasta ahora. Sigue creciendo, no pares de crecer, nunca dejes de crecer.

jueves, 2 de marzo de 2017

Hay belleza en la inmundicia.
Hay belleza en cada resquicio de calma que intercede en el caos.
Hay belleza en el propio caos.
Hay belleza en la vida y en la muerte, en los alcaloides y en las venas.