lunes, 28 de noviembre de 2016

Llueve dentro

Hasta el último de sus momentos se acordaría Mara de Alex en los días de lluvia. Y teniéndolo delante sosteniendo su mano mientras ella decidía seguir muriéndose, miraba a través de él y se encontraba recostada en su pecho o dormida en su regazo. Esos fantasmas vivientes que alguna vez fueron hablaban de salir a pasear en pijama, saboreando cada gota de agua, pero nunca lo hacían. Al menos estaban de acuerdo en la musicalidad de los charcos, del romper del agua contra el asfalto, de la bebida caliente y el corazón frío. Y a veces llegaban a amarse y llovía dentro de la habitación y acababan empapados. Mara jamás olvidaría que no había vivido nada hasta que sintió por primera vez la mano de Alex junto a la suya y, aún ahora en su lecho de muerte, se reconocía víctima de las consecuencias de un primer beso o un primer aniversario. Lo que más le dolió siempre fue no poder desprenderse de él como se había desprendido de todos. Lo fácil que le resultaba coger sus cosas e irse por la puerta de atrás, como si no hubiera pasado nada, en cada amistad, en cada pariente. Todo o casi todo era temporal salvo él, que no lo era, y eso siempre la ponía muy triste.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Reír

Si tus ojos girasen como espirales, no podrían atraerme más de lo que lo hacen ahora. A veces pierdo por completo ese hilo que me tiendes y busco en los reflejos de tus globos el hueco para ver el obillo que te guardas. Porque ha de haber algo en tu cabeza que se manufactura de igual modo que en la mía, y me río durante horas contigo, solo contigo, cuando explota a borbotones y hacemos lo que nadie más hace. No sé si tú también sientes que el mundo no es más que otro escenario, un poco más grande que los que acostumbras a patear, donde se puede hacer o simular cualquier cosa. Degusto cada improvisada línea y giro del guión que generamos cuando nos tenemos cerca, como si te abrazo en el andén de la línea 7 y rodamos por el suelo hasta que el público sonríe y grita rockn'roll. Porque no son más que los figurantes de una función y no tiene por qué pesar el qué dirán cuando corremos de un pasillo a otro haciendo fotos en ese cine extravagante; o cuando beso y abrazo a la máquina de autoventa que por fin se traga mi efectivo para imprimir un billete de autobús. Qué importa, si mañana serán otras caras las que nos miren, a veces guarecidas en trincheras de gafas -tangibles o no-, y otras tantas angulando sus pupilas para vernos por encima o por debajo del hombro. Nada, eso es. Y yo me siento tan solo entre la muchedumbre pero tan acompañado si estás...

sábado, 19 de noviembre de 2016


El mundo tiene unos dientes de sierra que se aferran a tus piernas cuando intentas volar.

lunes, 14 de noviembre de 2016

¿Se clavan tus lágrimas en mi almohada?
Porque sintiera que se deslizan y se mueven y se clavan en mí.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Es un privilegio para el mundo que lo habites

Querida amiga.

   Lamento empezar con tan descarada redundancia, pero cabe recalcar que te quiero y que eres amiga, después de tanto tiempo. Querida amiga, no olvido tus misivas, y aunque la vida nos tenga tan lejos siento tus palabras como besos cuando decías "eres la definición de la palabra amistad, porque pueden pasar años y sé que estás ahí, y cuando volvemos a hablar nada ha cambiado". A medida que crezco (porque hasta yo, que siempre fui más pequeño que tú, he terminado por crecer), voy comprendiendo que tú siempre fuiste un paso por delante de mí (y de todos) además de treinta y seis días en el calendario.

   Porque siempre te rodeó ese halo de misterio, de introspección, de lejanía, entremezclado y escondido por una sonrisa que no era sino la manifestación más primitiva de un carácter amable hasta el infinito. Hoy pasé horas pensando en qué habrás pensado todos estos años, y en cómo jamás he querido saber de ti más de lo que tú me has contado, porque te apreciaba incondicionalmente desde el minuto uno. Intuyo que, como siempre, vives complicándote la vida y saliendo de otras complicaciones. Nadie dijo que fuera fácil, y, aunque no vengo a reconocer tus méritos, de paso lo hago. Bravo. Por haber llegado donde quiera que estés que seguro que es muy alto. Por haber sido tan grande para mí que, después de tanto tiempo, consigues que fabrique reflexiones y sentimientos de los más profundos que jamás alumbraré. Por haber creído en ti misma tantísimo como para no prestar atención a si los demás también te creían. Por saber protegerte con una mano y golpear con la otra. Tú eres una capitana nata, buscavidas, de esas que no tienen tiempo para dar explicaciones pero que guardan para sí las mejores historias.

   Te recuerdo hoy como figura clave de mi temprana adolescencia, y, por tanto, de mi vida. Casi escucho el susurro de nuestras voces en las escasas e inverosímiles coincidencias espaciotemporales que hemos forzado a lo largo de los años para sacar afuera lo que llevamos por dentro. Conversaciones, detalles y gestos que se me antojan demasiado maduros para los dos chiquillos ignorantes de pueblo que somos y hemos sido. Y solo ahora que veo el mundo a mi alrededor tan adulto como aquellas nuestras viejas palabras, siento que todo adquiere un poco de lógica y que no era tan descabellado elegir caminos difíciles cuyas salidas no resultaban ni resultan aparentes. Quiero que sepas que sigo firmemente convencido de que ser bueno es la mejor opción y de que la gente como nosotros nos llevamos los mejores pedazos del pastel aunque a veces no nos demos cuenta.

   Hablar de pasteles me recuerda uno de los motivos de este texto. Porque el vigésimo segundo aniversario de tu escapada del útero materno es motivo de gozo, sin duda, pero has de saber que sigues en mi cabeza y en mi corazón y que espero que sigas mucho tiempo, para que algún día tenga sentido tenerte delante de mis ojos, mis oídos o mis manos. Y así me baje de esta retórica pedante y pseudopoética que tanto me gusta y pueda disfrutar de algo tan simple como una carcajada en directo contigo. Deseo fuertemente que puedas pasar este día y todos los demás con quienes quiera que sean los tuyos, ya los tengas cerca o lejos que es lo de menos, porque lo único y verdaderamente importante es que tengas personas que consideres "tuyas", independientemente de quienes sean y de donde estén. Deseo también que tengas la salud suficiente para poder olvidarte de que estás lo suficientemente bien como para disfrutar de esas personas y momentos.

   Por ahora me despido. Hasta la vista, sigue así si quieres seguir así y cambia si te apetece cambiar, yo me contento con que seas fiel a ti misma. Por mi parte un abrazo y un beso de entre los millones que te mereces.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Espera, deja que te cuente.

   Y te pierdes, porque siempre te pierdes, como solo tú sabes perderte. Te enredas entre tus propias palabras y te quedas colgando patas arriba. Y yo me pierdo en los soles que tienes por ojos y vislumbro cada pigmento de tus iris —grandes, marrones mientras asiento con la cabeza, bobo, y sonrío cuando tú sonríes porque quiero que separes tus labios para colarme entre la rajita de tus dientes. Yo pienso que ninguna palabra vale más que un beso y sigo abstraído mientras hablas de cosas a medias, recordando que no hay mejor baza que la que nunca se enseña. Tiendo a enamorarme de la ausencia, de la potencia, y de todas las fuerzas que están por ser y que no son.
   Me preguntas qué hago. Te dibujo un mapa. Desde tu pico de viuda hasta tu tornillo, pasando por tu cicatriz. Y los pliegues de tus párpados, que son mis pliegues favoritos. Esas pequeñísimas hendiduras que desaparecen cuando sonríes con los ojos cerrados; te mentí, tonta. Abrir y cerrar los ojos y dibujarte en mi pecho es lo que hago, porque mañana no te voy a ver y mis días son, a veces, tediosos, y si te escucho resonando primitiva en mi caja torácica, quizá lo sean un poco menos. Pero no, no puedo describir tu voz. No sé escribir tu voz...