domingo, 23 de octubre de 2016

Se exporta talento - Recitado en Vergüenza Ajena (20/10/2016)

Yo nací en un sitio
más allá de la pequeña Rusia,
broté, cerca de un melonar,
como Jose Luís Cuerda.
Crecí entre esparragueras y trigales
conocí a las mejores personas que puedan imaginarse
aprendí del sol el calor y el frío del hielo.
Nuestra tierra se siembra de azafrán,
se recoge de uva
y se estallica de olivos.
Pipas de tomate, simiente de patata
o tienes campo, o tienes nada.
Prestos a vender el lechal al norte
bodegas riojanas rebosan de nuestros racimos,
mientras el horizonte se vuelve amarillo y
se muere el tomillo en el monte.
¿Qué dirán? De todo,
cada anciano en su poyete cada noche
al amparo del adobe de un porche,
recuerda haber sido un mozo quintero,
recuerda haber estudiado lo suficiente
para saber comer las almortas y las collejas
para empezar a trabajar con seis años
pintando de cal y cociendo tejas.
Allí estrella el cielo como en ningún sitio,
y en este semidesierto de circo
perduran todavía los esquejes
de magnánimas familias,
quien no tuvo dos hijos tuvo trece
y entre tanto sobrino mequetrefe,
de vez en cuando hacen en lumbres
carnes solemnes.
Hablo de mí, de nuevo.
Hablo de cada uno de los buenos
que se ve obligado a migrar particularmente,
a pendular entre los suyos y los de otros,
a viajar hasta lugares remotos,
para encontrarse inmerso en dudas que curan
leyendo libros para escribir: preguntas.
Porque tú te preguntas cómo vas a vestir esta noche,
pero no cómo vas a vivir mañana.
Mas a sabiendas de los roces
surgen goces, y el amor puede, a veces,
supeditarlo todo y abnegar este orfanismo artificial
de quien quiere un abrazo de su padre,
y se lo tiene que negar.
Así es la historia de los mejores médicos,
psicólogos, ingenieros, farmacéuticos,
biólogos, traductores y demases etiquetas
en el lugar donde no tienen cabida las letras.
Junto al queso y al vino,
se vacían de esta tierra los labriegos de este siglo,
y se vuelven nómadas, de las mentes,
aquellas que fueron las menos inertes.
Pero jamás estaremos solas
sabiendo que no se vive en lugares sino en personas.
Y en mi corazón apropio los nombres,
porque la métrica no miente
si se habla desde lo que se siente.
Que jamás se sientan orgullosos
los que nos exiliaron a las tierras de los otros.






miércoles, 19 de octubre de 2016

Gimnopedia

Soñé un pequeño sueño sobre ti

en el que ambos estábamos muertos y, como tal,

ya no extrañábamos la vida.


Tus enmohecidas manos se aferraban a mis hombros

como queriendo decir mira, ya no te quiero.


Tu mirada se había tornado fría,

como el dentífrico, como el suelo,

abnegada de arpegios y de gritos pelados,

y la obtusa elipse de tus ojos que tanto estimo

se sorprendía al recibir la caricia de mis pupilas.


Durante un momento fue tan precisa la reflexión de la realidad

que supe que mis sueños estaban bañados en plata.


Te desescondiste tras de un velo para venir a verme,

yo necesitaba ayuda.

Quería volver a vestirte de letras

olvidarme de las rimas mudas.

Y mecida entre los míos, vestida toda de blanco,

eras otra vez tú,


Ya no fue cruel nunca más tu imagen,

como queriendo decir mira, ya no te quiere,

pero te quiso, y como te quiso.

Tuve que tener lengua para poder consumir todas tus dosis pasadas.


Atareado en reconstruirte plena, morena, rojiza y negra,

confieso que al despertar boqueé en busca del sueño,

y desconcertado por no hallar rastro tuyo, ni por dentro, ni por fuera,

tuve que aceptar que ya no eras.