sábado, 23 de julio de 2016

Puede que tú no lo recuerdes, pero hubo una vez en la que tu boca se acercó poco a poco a la mía, quedando peligrosamente quieta a escasos centímetros de mí. Y me fue imposible saber si ibas a besarme en la mejilla, la boca... o si querías morderme, suave y dulce, el labio inferior o el superior. Me veo parado, de pie, asombrado por la curvatura de tu cuerpo pretendiendo buscar el mío. Flotan las motas de polvo tal se ve en los haces que atraviesan la habitación de la ventana al suelo, mientras cada uno de los motivos de tu vestido reposan perfectamente en su sitio. Te juro que a día de hoy no soy capaz de expresar qué pretendía tu boca, pero cometiste el acierto de delatarte exhalando tu aliento sobre mi piel. Inspiré profundamente y quizá tuviera los ojos cerrados, porque recuerdo percibir con claridad el discurrir de la sangre dentro de mí tras la caricia de tu aliento, impulsada por un atropellado bombeo. Debiste pillarme desprevenido, pues no fui capaz de abrazar el instante como te abracé a ti, y en un momento, ya estábamos siendo uno. Sucedió en la cocina.

martes, 12 de julio de 2016

Barullo

La vida está dentro, la vida está fuera. Dentro de cada óvalo encarnado con forma de negra letra, como la a o la o, que son puro testimonio de tus ojos. Son estos instantes carbonatados, rescate del rincón más hondo de mi ser, único testigo de la destrucción pieza a pieza de mi mente. No pasa el tiempo, ¿pasa? O tengo especial sensibilidad para percibir el ligero aumento de temperatura en el espacio que una vez ocupaste. Casi estás ahí, irradiando tu calor junto a mí, cerca de mí, dentro de mí, para mí. No, el error es largo porque tiene demasiadas erres, pero no por ello deja de serlo. Francamente fuiste cúspide y hades de mi vida, me partiste en dos y todo eso, pero no hubo descanso ni final lógico y ahora soy la herrumbre del manuscrito, el retorcido latir de algo remotamente parecido a lo que era más mío.
            Qué, ¿es el desarrollo habitual –frecuente, normal– de los acontecimientos el consuelo? ¿O es más bien una ventana cerrada y muerta en un día de lluvia? Supongo demasiadas cosas porque siempre me ha gustado hacerlo contigo, pero a veces duele caminar sin tocar el suelo. Viajando entre fechas y líneas es imposible no notar el sabor a mentira. Soy yo el primero, como siempre, que por ende se cansa de mirar hacia atrás o hacia delante. Pero esta es la verdad de escribir sin borradores, que jueguen a la vez, peligrosamente, calor y abandono. Que gane la partida un viento frío y mañanero, como sin vida, que se deja entrar para airear el espacio. Ya no queda nada y lo queda todo, por fin eres forma.
          Creo que ya nos vamos entendiendo, mi vida. Eres perpendicular a una calle que sale del centro. Un viaje de mar a tierra. Unos tragos. Una bicicleta, un piano y un parque. Y tabaco, mucho tabaco, más tabaco. ¿Cuánto tiempo hace que no tienes ojos y que no los tengo yo? Porque he perdido un par de cuentas en temporadas de no encontrar nada en el suelo, y la última vez que toqué la reflexión de tu imagen en el espejo, casi no la sentí caliente. Dibuja sonrisas ahora que todavía queda tinta. Se cansada y ansiosa. Discurre azul y turbulenta, que yo quiero ser de piedra, pero solo porque anhelo que acaricies cada uno de mis salientes con tus pliegues.

           Hay que joderse, solos, de día y de noche, las veces que sea necesario, pero, ¿cuándo podremos decir “entonces”? Lo extraño todo todavía.