lunes, 30 de mayo de 2016

De alambre

Vos no fuiste mi mina de la plata. Separan la saliva y la lengua dos mundos de herrumbre que, en sus órbitas, a veces chocan. Ahora yo soy tan solo el efecto colateral del oscuro paso del tiempo y el zapateo de tres pies ebrios en un momento de piedra, pero jamás me sentí tan lejos de ser tan solo como cuando no lo fui con vos. Y permíteme esta lanzada aunque no haya habido otras, porque, aunque soy torpe y niño, mis ojos y mis manos supieron oler la sal de tu cabello, probar el aire de tu boca, escuchar los viajes de tu piel. Cuando vi tu cabecita a lo lejos, desde el principio quise pararla junto a la mía. No hay serendipia que valga, es complicado viajar con vos sin saber de donde vienes, a donde vas, así que timidamente acaricio las vocales y consonantes de un momento que ya pasa y que pronto pesa. Solo quería agradecerte aquella sonrisa vaporosa tuya que jugó ayer con mi mirada, el atraerme a la intersección de vuestro mandala de momentos únicos de hilo áspero, para, después, salir ahogado de cerveza rubia y pelo negro. Viaja por los dos, por los tres y por los cuatro, y que cada escala en tu camino sea otro viaje más, hacia la música, hacia lo conocido y hacia lo que está por conocer. Cuanto me alegro de haber sido para vos ese chiquito abrazo de nieve. Para mí siempre serás aquella dulce mujer de alambre.

sábado, 28 de mayo de 2016

1000i

Después de una semana he decidido escribirte. Aún resuenas en mi cabeza cual réplica de un terremoto de magnitud 6. Tuvimos conversaciones profundas a paso superficial. Acordes mezzofortes sobre el piano. Igual que la sensación de tener el palpitar de tu corazón dentro de mi en aquella habitación silenciosa, oscura. Era vivir en una pecera aislada del mundo donde solo estábamos tú y yo. ‘Me gustaría ser cristal para saber qué se siente cuando la presión te rompe’ solía pensar. Ahora sé lo que se siente. Tengo mil escenas que guardar en mi memoria, mil canciones para ponerle de banda sonora a lo que podíamos haber sido, mil recuerdos que he compartido y mil que se han quedado en standby. He que confesar que solía tenerte miedo, pero me tenia más miedo a mí. Si el vidrio tuviera voz seria la mía gritando. Un grito de temor que pasa por un estado de sufrimiento hasta llegar a liberarse. A pesar de eso aún siento que podría repetir todos los estados de incredulidad, miedo, alegría, tristeza, incertidumbre, que dos semanas aislada en una pompa de bohemismo te pueden brindar. Aún no tengo muy claro si esto es un adiós o un hasta luego, Pero me alegra haberte escrito.



– por MV

martes, 17 de mayo de 2016

Camino (18/08/2015) - Alex

"Oh, Alex, que crees que no te echo de menos y nada más lejos de la realidad. Mi pelusa, tonto Alex, que estás tan lejos que ya no sé ni como eres, y te siento tan cambiado cariño, que hasta tus ojos verdes son más verdes y viven más. Y ahora me siento sola, y tan cambiada que no sé si voy hacia delante o hacia atrás, Alex, y piensas que no me importas y no sabes lo equivocado que estás pelusa, que te pienso y te sueño tanto que lo que pasa es que agoto tu recuerdo tan rápido... Alex, que cuando vuelvo al Nervión todo me recuerda a ti porque he descubierto todo contigo, y cuando tomo café me sobra azúcar y me faltas tú en esa terracita tan pobre de Madrid donde nos sentábamos cerca de Julio y Merche, ¿te acuerdas? Pero chiquita sonrisa tienes ahora, aunque cuando nos veamos me llores y te veo tan de piedra como siempre, tan inamovible, Alex, que me da miedo ser capaz de desplazarte amor. Y me rompes el alma cuando me cuentas que las cosas no mejoran pelusa, porque no sabes nada de las cosas y es que a veces eres tan tonto como yo y te cuesta pensar en los cambios, mi vida, por mucha rabia que te dé que te llame así, testarudo y tonto Alex. No sabes lo que eres ni lo que vales porque no eres capaz de verte desde fuera, y te vuelves inseguro y eso no es bueno, Alex, que empaña lo mejor de ti mismo, y es que te quiero y por eso sé lo bien que te vendría pararte de vez en cuando a pensar un poco en ti mismo y nada de nada en los demás. Ojalá, ojalá, ojalá pudiera, Alex, pero no puedo, darte la mano y volver a Suchil como aquel día o colarme en la casa de tus padres y gritarte flojito que eres único y que me haces vivir tanto que los demás me dan pena, pelusa, porque me compadezco de quien no te mira con mis ojos, esos que tanto te gustan porque dices que son los ojos de tu vida Alex. Mi pajarito azul de cristal, rompe jaulas, que te movías tanto, Alex, que nunca me llegué a creer del todo que te parases a esperarme, para que yo me moviera contigo. No, pelusa, no te olvido y sí, sí te quiero, pero entiende (...)
Me voy un ratito, Alex, pero llámame que yo vuelvo para ti, y ayúdate que me rompes en tres cuando me lloras en el hombro. Te quiero mucho pelusa."