viernes, 29 de abril de 2016

Marry me

Por no cometer el mismo error de siempre
y terminar escribiéndote cuando ya no estés,
esta vez he decidido escribirte antes de conocerte.
Tengo vía libre para imaginar mil amaneceres contigo,
mil cabellos de un nuevo color para llenar mi cama de muestras de tu presencia.
Tú tan tranquila, sin saber nada, besándome sin querer
y yo imaginando como serán la primera vez y las primeras veces.
Me pregunto si algún día caminaremos frente a tu colegio,
rabio sin saber si tomas café o té,
y te he visto fumar pero todavía no he fumado contigo.
Quiero saberlo todo de ti entre silencios de redonda,
empezando por si te resultan cómodos o los odias.
Quiero que me lleves de viaje a tu pasado en un futuro,
medir el ángulo de la primera sonrisa que me dediques,
jugar a fingir que todo va bien cuando me apagas las luces
y ser para ti nadie, para así no tener que marcharme.
Pero la realidad es bien distinta.
Tú apenas sabes que existo,
y yo haciendo sonar la lira.
No quiero saber si es pronto para escribirte,

pero me alegra saber que te he escrito.

sábado, 23 de abril de 2016

Cuarta carta - Recitado en Vergüenza Ajena (20/10/2016)

¿Recuerdas los recuerdos? Yo a veces les doy cuerda, y concuerdo contigo en que concordábamos más antes de la discordia. Qué cordialidad el silencio que rodeaba al diálogo, cuando el dial proyectaba lluvia y éramos dianas de diecinueve porciones. Sucedían nuevas escapadas a media tarde o mañana. “Nieva”, te dije, y obtuve por respuesta tu nívea piel junto a la mía. Te empezaron a llamar novia, y aunque todavía no veía lo bella que eras, velaba muchas noches volando contigo, siendo duro y blando. Pero, ¿sabes?, siempre supe que éramos de diferentes bandos, tú abanderada y yo vadeando ríos metafísicos, badenes en mi vida sin andenes, pero por no quedarme parado, ando. Tanto que el espanto trajo consigo pantanos de lágrimas cuando nos plantamos en aquella cafetería de plata de segunda; metí la pata, sí, pero no sentí la patada hasta más tarde. Parada te quedaste en mi saliva, y tu mirada se sostuvo una miríada sin tu rostro, que migraba lagrimando como en una grabación, vacío. Ojalá hubiese sido algo más que el prefacio, pero prefiero tu fiereza y el haber encontrado tu fuerza algunas ocasiones más, abriendo y cerrando la puerta de mi casa y dando la vuelta, una y otra vez. Ahora vuelas lejos, y de vez en cuando sigo tus huellas de puro amor por ellas, que huelo tu pelo aún recogido y aunque no quiera me muevo. Y de nuevo me digo que no habrá un luego, que el juego ya se apaga y el fuego se termina, recuerdo los recuerdos y me muerdo las heridas para saber que no estoy muerto, que ahora vuelvo a tener vida. Despierto.

lunes, 18 de abril de 2016

lunes, 11 de abril de 2016

1975 (II)

Derrapo a la entrada del viejo almacén con tan mala pata que casi volcamos, el suelo está embarradísimo. Abro la portezuela y penetro en la estancia donde hace un tiempo los señores Hammond y Hinchliffe jugaron con la vida de tantos inocentes. Busco la trampilla camuflada como una enorme baldosa, la dejo abierta, y salgo corriendo a la calle a por Zolo. El cielo está repleto de nubes negras, hay tan poca luz que Zolo parece una inocente muchacha dormida sobre una moto, pero las gotitas que caen al suelo y que están formando un pequeño charquito son inconfundibles. Joder.
            La apeo de la moto lo mejor que puedo y la cargo deprisa hasta las escaleras que he destapado tras la trampilla. No sé muy bien cómo me las apaño, pero consigo bajarla rápidamente hasta el laboratorio, la tumbo en una camilla metálica y procuro no prestar atención a las manchas rosadas que impregnan mi ropa. Me concedo dos o tres segundos para recuperar el aliento, me armo de un cortafríos y comienzo a desgarrar la ropa de Zolo, incluyendo la chaqueta que yo mismo le anudé al vientre. Verter el vinocular directamente en la herida espesó la sangre, no llegó a coagularla, pero voy a tener muchos problemas para extraer los cristales.
            En un bol metálico preparo el pastoespeso, lo dejo reaccionar y mientras tanto inyecto una pequeña, mínima dosis de adrenalina en una de las venitas azules del brazo de Zolo. Se me había pasado por alto que la he desnudado por completo, pero mientras aprieto el embolo me doy cuenta de lo que deseo a aquella chica, aun con la sangre y la palidez de su rostro…

            Otro sentimiento aflora en mí, la curiosidad científica. Tengo un sujeto perfecto para probar el regenerador celular, el anestesiante activo, etc. y me pregunto si alguno de mis dos sentimientos entra en la categoría de noble: mi atracción por una chica sangrienta y moribunda o la curiosidad epistemológica de testear potentes soluciones curativas.

viernes, 1 de abril de 2016

Tercer mayo

He tenido de ti suficiente como para no volver a tener suficiente en toda la vida.







Aguja e hilo.