lunes, 26 de diciembre de 2016

.....

Una parte de mi a veces me dice que esto no es más que una pausa. Que tan solo estamos remachando nuestras vidas para que todo vaya bien cuando volvamos a encontrarnos, pequeña. Que estamos alimentando el relato de cada uno de nosotros para tener más que contarnos después de un futuro beso.


Una parte de ti, como siempre, me devuelve a la realidad y me dice justo lo contrario. Lo imposible, las cosas que nunca pasan.

Cualquiera de las dos realidades se antoja terrible y terriblemente hermosa.



jueves, 22 de diciembre de 2016

Impronta

Esta es una historia que cabe en un taco de post-it. Qué sabrás tú de saber, si solo te has comido la superficie de mis carcajadas. Eres la asesina de las vidas que jamás se vivieron. Soy tu cometa Halley.
    Pero lo soy. Y a veces pensarte me parece tan natural como elegir una vida llena de espacios y huecos donde esconderme. Te elijo entre todas y entre nadie porque miras. Tus ojos se arrastran firmes delante de ti, te anuncian, destripan el final de tus abrazos, Presiento en tu forma de vestir un sincero discurso de papel en blanco, una declaración de la renta vacía, una contraventana sin cristal, cerrada. Cerrada. Pero tú, de par en par, llenas lo que yo tuve por ojos de tanta luz que irritas, porque quiero abarcarte entera y no llego cuando estoy sentado, escribiendo. Y tiemblo si estoy en una mala posición cerca de ti por si vuelve a caerse mi risa y te mancha. ¿Te puedo manchar? No te marches.



Márchate, pero, por favor, no vuelvas.


Papel

Emancipo sonrisas cada mañana en botellitas que lanzo al mar,
con la esperanza de que lleguen algún día a la superficie de tu vientre.
Camino solo donde existen hojas de otoño al servicio del consumidor
que pueda hacer crujir bajo mis pies.

Me lanzo desesperado hacia la mínima pista del paradero
de un cartón de leche con tu foto pegada en el reverso,
e intento sin éxito escribir mis memorias sin clavar las uñas en la tierra
y dedicar una página a cada ruptura del silencio.

Silencio.

Deseo todo tu corazón para plegarlo más de ocho veces
y que crezca exponencialmente hasta la galaxia de Andrómeda
para que jamás vuelva a caber en mi cartera
y así no pueda sacarlo de casa.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Gato

Hoy he soñado que te besaba, ¿te lo puedes creer? Llevas un tiempo sin aparecer y hoy he soñado que íbamos al cine, nos reíamos y te besaba, y ha sido la sensación más maravillosa del mundo. Es curioso cómo después de diez años desde nuestro primer cruce de miradas mi deseo sigue siendo el mismo. Y, tú no lo sabes, pero eres una estrella que nunca se apaga. Creo que es imposible que nos separemos, de alguna manera. Siempre que te veo tengo que jugar con tu mirada, siempre, eres los ojos marrones primigenios, y por eso busco un poco de ti en todo el mundo. Me haces feliz incluso cuando estás triste. Siempre hemos estado lejos, pero siento que una parte de nosotros ha crecido de la mano del otro. Cuando me pides consejo y me escuchas, me haces sentir muy grande. Cuando me echas de menos me muerdo los labios por no poder estar a tu lado. Cuando vienes a Madrid la ciudad sonríe. Cuando puedo, sigo aprendiendo de ti; no sé como te las arreglas para seguir siendo ese pozo sin fondo. Creo que jamás llegaré a conocerte, a descubrir el por qué de tus miedos y de tus anhelos, y eso me llena de ternura. La próxima vez que te vea te daré un abrazo enorme y quizá te quedes boba y sorprendida porque por una vez me ponga así de serio contigo. Pero hoy he soñado que te besaba y he recordado lo que te valoro y lo que significas para mí, y tenía que contármelo, guardarlo en secreto y reírme la próxima vez que te vea. Yo soy Óscar y tú siempre serás mi Marina.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Prosa


Poesía

EXPLORACIÓN FÍSICA
NC, NH, nutrido y bien perfundido. Eupneico.
CyC: Pupilas ICNR. Eritema en arco cigomático izquierdo sin crepitantes.
MMII: equimosis en cara anterior tibial sin alteraciones de los relieves óseos. Fuerza 5/5 y sensibilidad conservada.

JUICIO DIAGNÓSTICO
Contusión MMII y arco cigomático izqdo.




lunes, 28 de noviembre de 2016

Llueve dentro

Hasta el último de sus momentos se acordaría Mara de Alex en los días de lluvia. Y teniéndolo delante sosteniendo su mano mientras ella decidía seguir muriéndose, miraba a través de él y se encontraba recostada en su pecho o dormida en su regazo. Esos fantasmas vivientes que alguna vez fueron hablaban de salir a pasear en pijama, saboreando cada gota de agua, pero nunca lo hacían. Al menos estaban de acuerdo en la musicalidad de los charcos, del romper del agua contra el asfalto, de la bebida caliente y el corazón frío. Y a veces llegaban a amarse y llovía dentro de la habitación y acababan empapados. Mara jamás olvidaría que no había vivido nada hasta que sintió por primera vez la mano de Alex junto a la suya y, aún ahora en su lecho de muerte, se reconocía víctima de las consecuencias de un primer beso o un primer aniversario. Lo que más le dolió siempre fue no poder desprenderse de él como se había desprendido de todos. Lo fácil que le resultaba coger sus cosas e irse por la puerta de atrás, como si no hubiera pasado nada, en cada amistad, en cada pariente. Todo o casi todo era temporal salvo él, que no lo era, y eso siempre la ponía muy triste.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Reír

Si tus ojos girasen como espirales, no podrían atraerme más de lo que lo hacen ahora. A veces pierdo por completo ese hilo que me tiendes y busco en los reflejos de tus globos el hueco para ver el obillo que te guardas. Porque ha de haber algo en tu cabeza que se manufactura de igual modo que en la mía, y me río durante horas contigo, solo contigo, cuando explota a borbotones y hacemos lo que nadie más hace. No sé si tú también sientes que el mundo no es más que otro escenario, un poco más grande que los que acostumbras a patear, donde se puede hacer o simular cualquier cosa. Degusto cada improvisada línea y giro del guión que generamos cuando nos tenemos cerca, como si te abrazo en el andén de la línea 7 y rodamos por el suelo hasta que el público sonríe y grita rockn'roll. Porque no son más que los figurantes de una función y no tiene por qué pesar el qué dirán cuando corremos de un pasillo a otro haciendo fotos en ese cine extravagante; o cuando beso y abrazo a la máquina de autoventa que por fin se traga mi efectivo para imprimir un billete de autobús. Qué importa, si mañana serán otras caras las que nos miren, a veces guarecidas en trincheras de gafas -tangibles o no-, y otras tantas angulando sus pupilas para vernos por encima o por debajo del hombro. Nada, eso es. Y yo me siento tan solo entre la muchedumbre pero tan acompañado si estás...

sábado, 19 de noviembre de 2016


El mundo tiene unos dientes de sierra que se aferran a tus piernas cuando intentas volar.

lunes, 14 de noviembre de 2016

¿Se clavan tus lágrimas en mi almohada?
Porque sintiera que se deslizan y se mueven y se clavan en mí.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Es un privilegio para el mundo que lo habites

Querida amiga.

   Lamento empezar con tan descarada redundancia, pero cabe recalcar que te quiero y que eres amiga, después de tanto tiempo. Querida amiga, no olvido tus misivas, y aunque la vida nos tenga tan lejos siento tus palabras como besos cuando decías "eres la definición de la palabra amistad, porque pueden pasar años y sé que estás ahí, y cuando volvemos a hablar nada ha cambiado". A medida que crezco (porque hasta yo, que siempre fui más pequeño que tú, he terminado por crecer), voy comprendiendo que tú siempre fuiste un paso por delante de mí (y de todos) además de treinta y seis días en el calendario.

   Porque siempre te rodeó ese halo de misterio, de introspección, de lejanía, entremezclado y escondido por una sonrisa que no era sino la manifestación más primitiva de un carácter amable hasta el infinito. Hoy pasé horas pensando en qué habrás pensado todos estos años, y en cómo jamás he querido saber de ti más de lo que tú me has contado, porque te apreciaba incondicionalmente desde el minuto uno. Intuyo que, como siempre, vives complicándote la vida y saliendo de otras complicaciones. Nadie dijo que fuera fácil, y, aunque no vengo a reconocer tus méritos, de paso lo hago. Bravo. Por haber llegado donde quiera que estés que seguro que es muy alto. Por haber sido tan grande para mí que, después de tanto tiempo, consigues que fabrique reflexiones y sentimientos de los más profundos que jamás alumbraré. Por haber creído en ti misma tantísimo como para no prestar atención a si los demás también te creían. Por saber protegerte con una mano y golpear con la otra. Tú eres una capitana nata, buscavidas, de esas que no tienen tiempo para dar explicaciones pero que guardan para sí las mejores historias.

   Te recuerdo hoy como figura clave de mi temprana adolescencia, y, por tanto, de mi vida. Casi escucho el susurro de nuestras voces en las escasas e inverosímiles coincidencias espaciotemporales que hemos forzado a lo largo de los años para sacar afuera lo que llevamos por dentro. Conversaciones, detalles y gestos que se me antojan demasiado maduros para los dos chiquillos ignorantes de pueblo que somos y hemos sido. Y solo ahora que veo el mundo a mi alrededor tan adulto como aquellas nuestras viejas palabras, siento que todo adquiere un poco de lógica y que no era tan descabellado elegir caminos difíciles cuyas salidas no resultaban ni resultan aparentes. Quiero que sepas que sigo firmemente convencido de que ser bueno es la mejor opción y de que la gente como nosotros nos llevamos los mejores pedazos del pastel aunque a veces no nos demos cuenta.

   Hablar de pasteles me recuerda uno de los motivos de este texto. Porque el vigésimo segundo aniversario de tu escapada del útero materno es motivo de gozo, sin duda, pero has de saber que sigues en mi cabeza y en mi corazón y que espero que sigas mucho tiempo, para que algún día tenga sentido tenerte delante de mis ojos, mis oídos o mis manos. Y así me baje de esta retórica pedante y pseudopoética que tanto me gusta y pueda disfrutar de algo tan simple como una carcajada en directo contigo. Deseo fuertemente que puedas pasar este día y todos los demás con quienes quiera que sean los tuyos, ya los tengas cerca o lejos que es lo de menos, porque lo único y verdaderamente importante es que tengas personas que consideres "tuyas", independientemente de quienes sean y de donde estén. Deseo también que tengas la salud suficiente para poder olvidarte de que estás lo suficientemente bien como para disfrutar de esas personas y momentos.

   Por ahora me despido. Hasta la vista, sigue así si quieres seguir así y cambia si te apetece cambiar, yo me contento con que seas fiel a ti misma. Por mi parte un abrazo y un beso de entre los millones que te mereces.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Espera, deja que te cuente.

   Y te pierdes, porque siempre te pierdes, como solo tú sabes perderte. Te enredas entre tus propias palabras y te quedas colgando patas arriba. Y yo me pierdo en los soles que tienes por ojos y vislumbro cada pigmento de tus iris —grandes, marrones mientras asiento con la cabeza, bobo, y sonrío cuando tú sonríes porque quiero que separes tus labios para colarme entre la rajita de tus dientes. Yo pienso que ninguna palabra vale más que un beso y sigo abstraído mientras hablas de cosas a medias, recordando que no hay mejor baza que la que nunca se enseña. Tiendo a enamorarme de la ausencia, de la potencia, y de todas las fuerzas que están por ser y que no son.
   Me preguntas qué hago. Te dibujo un mapa. Desde tu pico de viuda hasta tu tornillo, pasando por tu cicatriz. Y los pliegues de tus párpados, que son mis pliegues favoritos. Esas pequeñísimas hendiduras que desaparecen cuando sonríes con los ojos cerrados; te mentí, tonta. Abrir y cerrar los ojos y dibujarte en mi pecho es lo que hago, porque mañana no te voy a ver y mis días son, a veces, tediosos, y si te escucho resonando primitiva en mi caja torácica, quizá lo sean un poco menos. Pero no, no puedo describir tu voz. No sé escribir tu voz...

domingo, 23 de octubre de 2016

Se exporta talento - Recitado en Vergüenza Ajena (20/10/2016)

Yo nací en un sitio
más allá de la pequeña Rusia,
broté, cerca de un melonar,
como Jose Luís Cuerda.
Crecí entre esparragueras y trigales
conocí a las mejores personas que puedan imaginarse
aprendí del sol el calor y el frío del hielo.
Nuestra tierra se siembra de azafrán,
se recoge de uva
y se estallica de olivos.
Pipas de tomate, simiente de patata
o tienes campo, o tienes nada.
Prestos a vender el lechal al norte
bodegas riojanas rebosan de nuestros racimos,
mientras el horizonte se vuelve amarillo y
se muere el tomillo en el monte.
¿Qué dirán? De todo,
cada anciano en su poyete cada noche
al amparo del adobe de un porche,
recuerda haber sido un mozo quintero,
recuerda haber estudiado lo suficiente
para saber comer las almortas y las collejas
para empezar a trabajar con seis años
pintando de cal y cociendo tejas.
Allí estrella el cielo como en ningún sitio,
y en este semidesierto de circo
perduran todavía los esquejes
de magnánimas familias,
quien no tuvo dos hijos tuvo trece
y entre tanto sobrino mequetrefe,
de vez en cuando hacen en lumbres
carnes solemnes.
Hablo de mí, de nuevo.
Hablo de cada uno de los buenos
que se ve obligado a migrar particularmente,
a pendular entre los suyos y los de otros,
a viajar hasta lugares remotos,
para encontrarse inmerso en dudas que curan
leyendo libros para escribir: preguntas.
Porque tú te preguntas cómo vas a vestir esta noche,
pero no cómo vas a vivir mañana.
Mas a sabiendas de los roces
surgen goces, y el amor puede, a veces,
supeditarlo todo y abnegar este orfanismo artificial
de quien quiere un abrazo de su padre,
y se lo tiene que negar.
Así es la historia de los mejores médicos,
psicólogos, ingenieros, farmacéuticos,
biólogos, traductores y demases etiquetas
en el lugar donde no tienen cabida las letras.
Junto al queso y al vino,
se vacían de esta tierra los labriegos de este siglo,
y se vuelven nómadas, de las mentes,
aquellas que fueron las menos inertes.
Pero jamás estaremos solas
sabiendo que no se vive en lugares sino en personas.
Y en mi corazón apropio los nombres,
porque la métrica no miente
si se habla desde lo que se siente.
Que jamás se sientan orgullosos
los que nos exiliaron a las tierras de los otros.






miércoles, 19 de octubre de 2016

Gimnopedia

Soñé un pequeño sueño sobre ti

en el que ambos estábamos muertos y, como tal,

ya no extrañábamos la vida.


Tus enmohecidas manos se aferraban a mis hombros

como queriendo decir mira, ya no te quiero.


Tu mirada se había tornado fría,

como el dentífrico, como el suelo,

abnegada de arpegios y de gritos pelados,

y la obtusa elipse de tus ojos que tanto estimo

se sorprendía al recibir la caricia de mis pupilas.


Durante un momento fue tan precisa la reflexión de la realidad

que supe que mis sueños estaban bañados en plata.


Te desescondiste tras de un velo para venir a verme,

yo necesitaba ayuda.

Quería volver a vestirte de letras

olvidarme de las rimas mudas.

Y mecida entre los míos, vestida toda de blanco,

eras otra vez tú,


Ya no fue cruel nunca más tu imagen,

como queriendo decir mira, ya no te quiere,

pero te quiso, y como te quiso.

Tuve que tener lengua para poder consumir todas tus dosis pasadas.


Atareado en reconstruirte plena, morena, rojiza y negra,

confieso que al despertar boqueé en busca del sueño,

y desconcertado por no hallar rastro tuyo, ni por dentro, ni por fuera,

tuve que aceptar que ya no eras.



jueves, 29 de septiembre de 2016

Historias para no domir I

Qué pena que te acercases con mamá y no pudiera ni desnudarte de esas gafas de pasta.

Leer en la oscura pantalla de un móvil las notas de prensa sobre un desaparecido grupo musical.

Si me aferrase a tus tiernas curvas, ya estaría dormido.

Escuchar Coltrane, Zoot Sims y demás.

Asombrarme de tu capacidad para elegir fotos en las que sales horrorosa.

Margarita sigue radiante para estar muerta.

Houses of the Holy merece ser tenido en cuenta.

Cosas que podría escribir en tu pared.

Fíate tú de La Virgen y no corras...

Volví a Chamberí y la nostalgia no consiguió matarme.

El sueño polifásico comienza a parecer una realidad, ¿se cura con vasos de leche?

Demasiados sentimientos en la aristocracia rusa del XIX.

Si te pido un abrazo sin hablar, ¿me abrazarías también sin abrir la boca?

No sé si merece la pena probar el tinto que me recuerda a ti.

Me perjudican los errores que cometen personas que no conozco.

Cuando esté muerta, los científicos del futuro lo descubrirán todo. Sabrán que una vez existió Hushpuppy y que vivió con su papá en La Bañera.

Proyectáis una vida filtrada, ideal, que no existe. Estáis más jodidos que yo.

Eh, verte y tocarte el pasado domingo fue lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

Yo no recordaba el nombre de Ainhoa y Ainhoa no recordaba el mío.

Soy experto en luchar por gente que no merece la pena.

Soy experto en no merecer la pena para la gente que lucha por mí.

Vosotrxs tendréis un amigo. Para mí es una extensión de mí mismo.

¿Soy el único que ve la vida hecha de retales cosidos y por coser?

Dan asco los pilotos en la noche. Los de la luz y los del coche.

No hay una edad para casi nada, importante.

Tengo la certeza de que algún día dejaré de estar en ti y tú en mí. Quizá entonces te des cuenta.

El zumo de fruta exprimido es veneno.

Tus gafas de pasta, Dios, vuelve.











sábado, 24 de septiembre de 2016

Piel

Siempre supe que no te irías, era demasiado bueno para ser real, para acabarse. ¿Recuerdas pasear por Montera? Me enfadé hace unos dos años porque sabía que Barcelona, de una u otra forma, sería el principio. Hoy he vuelto a romper mi promesa, hoy he vuelto a leerte. A leernos más bien. Como bien dices, soy así de egoísta. El principio sigue teniendo un sabor maravilloso, aún después de tanto tiempo.
   En qué punto estás. Eso mismo te pregunto yo. ¿Por qué tanto cambio? A veces, contigo, me siento muchísimo. Porque yo fui ese idiota de los ojos verdes que tarareaba para matar los silencios incómodos y callaba para que disfrutaras los buenos, esa persona a la que enseñar y de la que aprender. Y ahora lo sigo siendo. 
   Anularte nunca. Y no fueron momentos fáciles. Recuerdo ahorrar con cariño casi cada céntimo, cuando tu viaje no era una certeza. Recuerdo, mientras me tumbo y río sin ti, abrazarte y reír contigo cuando más difícil lo has tenido todo. Te recuerdo a mi lado, quebrando cada pedazo de mi piel, curando mis rajitas más profundas. Recuerdo despreciar a quien te ha herido, los desprecio. Yo soy así. Sigo siendo el mismo. El que escribía, leía, bebía, reía, dormía y se levantaba contigo. Mi memoria táctil sigue siendo capaz de dibujarte a mi lado, brazo derecho bajo tu cuello, brazo izquierdo sobre tu vientre. Apartar tu molesto pelo, besar el vello de tu cuello y recordar la sonrisa que imaginaba en tu boca por tu forma de exhalar el aire sobre la almohada.
   ¿Hasta qué punto he sido importante? Siempre dices que lo soy, que me echas de menos y ojalá supiera cuanto. Porque nos entendemos. Y no creo que sea culpa tuya, quizá de nadie en último término. Enamorarse es algo agotador, y por eso no me enamoro salvo contigo, con quién si no merece la pena. Porque siempre tienes que ponerlo todo tan difícil, y ser tan terca, y pensar que ser tozuda es algo bueno, cuando hasta la misma palabra es horrenda. Nunca dejaré de querer esa faceta tuya, por eso me duele que sufras y no pueda ayudarte. Y estoy harto de solucionar las cosas escribiendo. No escribo para ti, y menos ahora. No quiero recordarte que eres mi persona favorita y que vivíamos en una burbuja que yo de vez en cuando sigo soplando, tan grande que se hace ahora... Si lo hago es porque me desestabilizas hasta tal punto que tengo que ordenarlo todo, y recordarme quien soy y quien eres para no hacer las cosas a tu manera. Siento que soy una gran persona en tu vida, un episodio único, sin principio, sin final, sin moraleja. Siento que fui, que soy, que eres. Lloré tanto la última noche precisamente porque tu no llorabas, porque te ibas y necesitabas irte. Porque me sabía el afortunado que te escribiría cuando allí todavía estuvieras buscando tu sitio, y el primero que rodaría cada metro de los 1.200 kilómetros para que le enseñaras los nuevos retales de ti misma. Para poder estar pintado en ellos, aunque dolieran.
   No tengo ni la menor idea de lo que esperas o quieres de mí, pero cada vez tengo más claro que siempre que pueda te lo daré. Porque yo quiero ser un fuego que pueda darte calor, un pequeño oasis bajo el sol. Porque puedo hablarte y escribirte así, como tú quieres que lo haga. 
   Créeme, yo también te echo de menos, hasta doler. Echo de menos a tu yo más curiosa y pequeña. A aquella que venía a hurtadillas a escucharme porque creía en mí. Quizá esto te suene exagerado, pero me hace muy feliz que creas en mí. Desde hace ya mucho tiempo piensas que yo podría tener algo que decir y antes simplemente te sentabas a escuchar, a hacer preguntas, a darme la razón o quitármela cuando era tuya. Y tenías miedo pero aún así te merecía la pena sonreír y luchar, porque supongo que estar conmigo era una recompensa extraña, rara, que sigue reverberando ahora.
   Me acabaré yendo lejos, como te prometí. A día de hoy entiendo lo mal que te lo tomaste, pero tal como han salido las cosas, cada vez tengo más claro que era la decisión acertada. No quisiera saber (pero lo sé) por qué te estoy contando todo esto. Porque siempre me preocupo por ti aún cuando menos motivos tengo y entre tantos silencios y sustos veo el lado bueno de las cosas...
   Algo que ya no está, algo que ya se ha ido. Como yo quiero irme y desaparecer y sentir que tu presencia se transforma de alguna manera. Ese momento llegará, como ha llegado casi cualquier momento que he querido que llegue en mi vida. Cuando llegue, ojalá me sigas valorando, porque lo que tú piensas, por supuesto, me es muy importante. Hasta entonces sin prisa, a tu ritmo.
   Lo que no fluye se muere. Con las personas es distinto. Las hay que duran para siempre. Y una persona es tan grande como el agujero que deja cuando se va.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Trilogía de la tierra

Mi padre siempre me dijo que hay que valer para todo y para todo hay que valer. ¿Sabías que la vida se supera "echándole idea"?
   Sí, suya es la culpa de que nunca haya sabido detenerme. Solo hay una dirección y una clave para avanzar que es currar y currar más y más, y mejor y mejor. Mi padre con su escasa formación que se sabe el mundo de memoria desde que me hizo imprimírselo para leerlo en cada viaje entre el andamio y el hogar, porque a él no le gusta pelear con nadie y menos con el viejo Pentium IV de casa. Y llegar hasta arriba de cemento y sobrarle fuerzas para querer como mínimo a tres personas y salir a la carretera a quemar las ruedas de una Pinarello blanca. El Monillo, querido y por querer de todos los conocidos de su vida actual y futura, hombre carnavalesco de sonrisa fácil y mayor facilidad para sacar sonrisas. De él heredé poco, pues difícil es heredar material tan bueno, pero sí el ovillo necesario para hilar todo mi pensamiento. Un hilo de un color que tanto se parece a la necesidad de comerse el mundo, con pan, vino y postre, que no soy capaz de no hacer, de no avanzar y de no ser bueno con los demás. Y el sentido del humor, joder.
   No dudo que todos tenemos algo de bondad y que conviene usarla porque mi madre limpió esas dudas a golpe de plumero hace ya mucho tiempo. Mujer imparable, la segunda cabeza de la hidra, medalla olímpica en relaciones intra e interfamiliares. Sangre de café -recién molido, sin torrefacto- y ojos marinos, escudados en gafas de montura metálica para mayor disimulo de la condición de super heroína. Carga consigo el número 53 de la calle Valencia y la mayor parte del 29 de Cruz de Hierro, y todavía le da el nervio para pluriemplearse y supervisar las vidas de sus hijos, no vaya a ser que algo se tuerza y mañana nos levantemos un poco más pobres o tristes de lo que lo éramos ayer. No nos engañemos, soy obrero hijo de obreros, que trabajan en obras o que hacen buenas obras, o que son como hormiguitas obreras que construyen o recolectan alimentos para pasar el invierno. Porque el camino siempre ha sido enrevesado y difícil de seguir sin desorientarse, pero siempre lo hemos allanado.
   Y para eso está y estuvo ella, la más grande, allá por donde pisaba, o dejaba de crecer la yerba o crecía mucho más alta y de colores más locos y vivos. Científica de la vida, experta en mezclar los ingredientes de cada historia sin miedo a obtener cien finales malos hasta rodar la toma buena. Gitana, viajera, artista, esotérica y creyente de creer, convencida tanto de sí misma que tuvo que convencer a todos los demás para que viviésemos tranquilos. Tanto me ha enseñado su método, el que ella denomina Aprendizaje vital a base de hostias, y que hasta ahora consta de 26 volúmenes, que ya sé en quien tengo que confiar y en quien no. Pero sobre todo me enseñó que hay una medida buena para todas las cosas de la vida, y que hay que enamorarse de lo que uno hace, o de lo que quiere hacer, o simplemente enamorarse y cruzarse un país como un loco si se está jodidamente convencido de que es lo que se tiene que hacer. Menudo huracán.


domingo, 11 de septiembre de 2016

Mi

Te escribo directamente sobre la carta, sin borradores, porque me he acordado del ruido de los coches en tu avenida; y del semáforo cuya luz parpadea en tu habitación cuando está en verde, en rojo, en verde, en rojo...

jueves, 1 de septiembre de 2016

No tiene nombre

Y tenías que tener esos ojos, y esos aires muy tuyos como de vino y de viento. Si algún día puedo, quiero hacerte partícipe de lo que has hecho por mí. Y reír de llanto o llorar de risa al confesarte que cuatro frases tuyas cambiaron mi mundo, como hace cuatro años lo cambiaron cuatro frases de una cuarta. Casi me tiro al mar porque me dijeron que tú estarías en la otra orilla, sin siquiera esperarme a mí o a nadie.
   Soy así. Rematadamente poco y loco, luchando como cualquier otro porque pienses solo un poco sola en mí solo. Acentúa como quieras, que crezco y crezco para ti. Espero el momento en el que menos me lo espere y uno de los dos cruce el umbral de la habitación donde está el otro (o del bar) y se pueda de nuevo volver a hablar de mundos, de persecuciones, de hacerse mayor a la fuerza conservando la esencia. Quiero ver el futuro en el que te quiero, en el que recordamos juntos las coincidencias, los barcos, las olas del mar, bla bla bla, y un tropel de retórica hasta ahora sin contenido, sin sentido, que quiero dentro de años leer con ojos de sal y pensar "lo vi venir, coño que sí lo vi".
   Soy así. De imbécil. De los que piensan estas cosas pero en serio. Serio es lo último que quiero ser contigo. Cuídate todo lo que puedas y más que yo haré lo propio, para que sientas que no necesito que nadie me cuide la próxima vez que nos encontremos. Y si al final no sucede nada, esto ya ha sucedido, que no es poco. 

Tierra

Cada cierta cantidad de la unidad temporal que se prefiera, se alumbran bajo un cielo estrellado niños como nadie. Son capaces de crecer deseando cambiarlo todo por recordar un rostro. Se vuelven escaparates andantes de microliteratura, a veces se atraen entre ellos, y otras tantas se repelen. Dicen que no tienen miedo a tragarse chicles porque quieren vivir con las tripas pegadas. Son seres extraños, con una nomotética propia bien precintada. No intentes comprenderles, no intentes comprenderles, por última vez, no intentes comprenderles. Hay quien ha tenido la oportunidad de vivir junto a estos seres, pero quien se pega demasiado se nutre de ellos y los draga. Son fuente inagotable de alegría y de pena, y qué manera tienen de sentir las cosas... Se diría que nacen programados con unas tablillas extrañas, que miran el mundo de refilón y ven las cosas que están en los bordes donde ya nadie ve nada. Son pocos y son muchos, y la tremenda distancia que los separa al nacer se relativiza a medida que los bebés se hacen niños, y los niños, más niños aún. Siempre quieren darle las gracias al cosmos, pero como el cosmos está lejos, tienen que moverse y viajar y perseguir quimeras y vivir y morir cien veces de amor. Hasta donde se sabe, estos amigos no tienen fin o, lo que es mejor, luchan por no tenerlo. Se entienden, cómo no, con los ojos. Se preguntan pestañeando y se contestan con las cejas. 

sábado, 20 de agosto de 2016

Leer un rostro

Se comienza besando tibiamente las arrugas de la frente, separando los labios para desfruncir el ceño.

Así es como se enseña. El lenguaje de los poros se descifra con las manos, que ríen y contestan haciendo cosquillas. Se pellizca ligeramente una mejilla, acerca tu ojo y acaricia su piel con tus pestañas. Los lóbulos se besan, y se mordisquean un poco mientras se sonríe, así el músculo de tus labios presiona su carita. Si posas tu índice en sus párpados cerrados, notarás el tierno y pueril terror de los capilares. No desesperes si sus labios se curvan, aléjate, despacio, coge aire y acércate, despacio, suelta el aire. Haz que su nariz note tu aliento, vaporoso, cálido, y espera a que inspire. Si desplaza su cuello hacia atrás, crecida, puedes detener el tiempo entre su boca y la tuya. Deja que tu nariz se apoye en la suya y descanse, millones de pequeñas descargas eléctricas viajan de ti a ella, de piel a piel, ¿las notas? Es el momento de abrir los ojos, separando cada párpado con cariño, como si se quisieran mucho. Si lo has hecho bien, estás en su órbita, estás en ella. El reflejo blanco de la luz de su pupila podría despistarte, procura que no te impida apreciar la timidez de sus cejas, el rubor de la puntita de su nariz, la niñez de sus labios. Ahora sabes que está feliz, que la has hecho feliz. Acunada entre tus brazos enloquece su vida en la tuya, vuestras bocas se besan a distancia, y es el momento de dar paso a la palabra. No seas comedido, simplemente habla. Absorbe las pequeñas partículas del ambiente cargadas de luz y sonido y conviértelas en torpes caricias verbales. Sobre todo que sean torpes. Observa como viajan hacia su boca, hacia sus oídos, hacia su piel. Este momento es el momento, ella te está recordando. Te ve, te escucha, te lee...  ella piensa el complejo del regalo de tus estímulos y tiñe cada una de tus palabras de su color favorito. Esas de ahí ya no salen, van de un ventrículo a otro, y otro, y de vuelta. Ya está, ya está. Recrea. Abrázala como la abrazas, como si fuera el tiempo, como si fuera la sonrisa. Pronto tendrás que hacerlo todo de nuevo.

Si lo haces bien, lo has conseguido. La amas. Ahora es para ti, para siempre, tu regalo. Un vendaval y una huella, has leído su rostro. Jamás olvides, ¿para qué? Puedes deshacerte de todo lo demás, ahora, tienes recuerdos. Experimentarás algo casi único, créeme. Y los demás... no saben lo que es, y tienen miedo. Porque duele, vive, cura y hiere. Cuéntamelo. 


martes, 16 de agosto de 2016

Buenas noches, y una mierda.




De cómo lo tuve todo y lo sangré gota a gota.



Del miedo.



De las cosas que amo.



De las mentiras.



De cómo el nacimiento marca toda tu vida.



De cómo todos están lejos



Del mal gusto de mi padre con el whisky.



Del adjetivo hirsuto.



De cómo me da miedo escribir sobre el monotema.



De los venenos.



De cómo me levanto cada mañana por resorte sin recordar por qué.



De cómo me levanto cada mañana porque me da miedo dejar de hacerlo.



De la distancia entre dos puntos cualesquiera en cualquier eje.



Del calor.



De ser un millón entre millones.



Del idiota del espejo.



De cómo te odio por haber estado y no estar.



De cómo huyo de la gente.



De cómo la necesito.



De los ojos profundos y marrones.



De las cosas que escapan a mí control y de las que no.



De alguien quejándose del dinero y llorando en el sótano de una cafetería.



De mi.



De ti.



De las cosas que no existen.



De las cosas que sí.



De nada.



De los que han muerto cuando debería haber muerto nadie.



De herir.



De ser herido.



De no encontrar palabras y no querer buscarlas.



De todo lo que se ha dicho y de lo poco que se ha escrito.




De todo eso y mucho más podría hablar si tuviera quien escuchara.

sábado, 6 de agosto de 2016

Nudo y desenlace

No puedo dormir. Porque pasan las horas, y con cada una de ellas se hace más evidente que te has ido para no volver. Una persona es tan grande como el agujero que deja cuando se va, y estoy seguro que el tuyo va a verse desde las nubes. No quiero decir nada más. No quiero traicionar tu recuerdo. Hasta luego, amigo.

viernes, 5 de agosto de 2016

Instante

Vamos a parar el tiempo justo ahora, como siempre hemos deseado, por muy antinatural que parezca. Está tu pelo ondeando chispas rojas, siendo cortina de tus ojos y víctima directa de mis manos. Las durezas de mis dedos recorren tus mejillas y tu cuello en un intento de unirte mucho más a mí, de empujar la tensión para que estalle a borbotones entre nosotros, y que nos moje y nos ensucie. Una gota de sudor vuela, agitando las motas de polvo del espacio y estrellándose contra la pared. El abrazo de tus piernas me absorbe casi tanto como el de tus ojos y, poco a poco, milímetro a milímetro, te mueves, te estás moviendo. Yo altero mi prosodia corporal y te acompaso a destiempo, armonizo las notas de tu piel y de tus labios y te recorro toda cuanto eres, hacia atrás, mientras tú me atraviesas con tus dientes el pecho, el corazón, la sangre, hacia delante. Un ligero retemblor de lana, las contracciones y los jadeos, se cosen en un retal hecho de nosotros y soy plenamente consciente de tu esencia presente, como un círculo marrón que me cerca, por dentro y por fuera, soy tu diana, tu blanco. Te agarro, te aferro contra mí como si fuera necesario, pero ya estás enlazando nuestras lenguas y pegando nuestros labios de forma irreversible, y es entonces cuando te respiro tan de cerca que casi te vivo. Estoy dentro de ti. Quiero que me ahogues con tu boca, estrellando en mis oídos palabras de las tuyas, y te voy a rasgar la piel con mis manos.

Lo que quiero es mirarte y no llorar.

sábado, 23 de julio de 2016

Puede que tú no lo recuerdes, pero hubo una vez en la que tu boca se acercó poco a poco a la mía, quedando peligrosamente quieta a escasos centímetros de mí. Y me fue imposible saber si ibas a besarme en la mejilla, la boca... o si querías morderme, suave y dulce, el labio inferior o el superior. Me veo parado, de pie, asombrado por la curvatura de tu cuerpo pretendiendo buscar el mío. Flotan las motas de polvo tal se ve en los haces que atraviesan la habitación de la ventana al suelo, mientras cada uno de los motivos de tu vestido reposan perfectamente en su sitio. Te juro que a día de hoy no soy capaz de expresar qué pretendía tu boca, pero cometiste el acierto de delatarte exhalando tu aliento sobre mi piel. Inspiré profundamente y quizá tuviera los ojos cerrados, porque recuerdo percibir con claridad el discurrir de la sangre dentro de mí tras la caricia de tu aliento, impulsada por un atropellado bombeo. Debiste pillarme desprevenido, pues no fui capaz de abrazar el instante como te abracé a ti, y en un momento, ya estábamos siendo uno. Sucedió en la cocina.

martes, 12 de julio de 2016

Barullo

La vida está dentro, la vida está fuera. Dentro de cada óvalo encarnado con forma de negra letra, como la a o la o, que son puro testimonio de tus ojos. Son estos instantes carbonatados, rescate del rincón más hondo de mi ser, único testigo de la destrucción pieza a pieza de mi mente. No pasa el tiempo, ¿pasa? O tengo especial sensibilidad para percibir el ligero aumento de temperatura en el espacio que una vez ocupaste. Casi estás ahí, irradiando tu calor junto a mí, cerca de mí, dentro de mí, para mí. No, el error es largo porque tiene demasiadas erres, pero no por ello deja de serlo. Francamente fuiste cúspide y hades de mi vida, me partiste en dos y todo eso, pero no hubo descanso ni final lógico y ahora soy la herrumbre del manuscrito, el retorcido latir de algo remotamente parecido a lo que era más mío.
            Qué, ¿es el desarrollo habitual –frecuente, normal– de los acontecimientos el consuelo? ¿O es más bien una ventana cerrada y muerta en un día de lluvia? Supongo demasiadas cosas porque siempre me ha gustado hacerlo contigo, pero a veces duele caminar sin tocar el suelo. Viajando entre fechas y líneas es imposible no notar el sabor a mentira. Soy yo el primero, como siempre, que por ende se cansa de mirar hacia atrás o hacia delante. Pero esta es la verdad de escribir sin borradores, que jueguen a la vez, peligrosamente, calor y abandono. Que gane la partida un viento frío y mañanero, como sin vida, que se deja entrar para airear el espacio. Ya no queda nada y lo queda todo, por fin eres forma.
          Creo que ya nos vamos entendiendo, mi vida. Eres perpendicular a una calle que sale del centro. Un viaje de mar a tierra. Unos tragos. Una bicicleta, un piano y un parque. Y tabaco, mucho tabaco, más tabaco. ¿Cuánto tiempo hace que no tienes ojos y que no los tengo yo? Porque he perdido un par de cuentas en temporadas de no encontrar nada en el suelo, y la última vez que toqué la reflexión de tu imagen en el espejo, casi no la sentí caliente. Dibuja sonrisas ahora que todavía queda tinta. Se cansada y ansiosa. Discurre azul y turbulenta, que yo quiero ser de piedra, pero solo porque anhelo que acaricies cada uno de mis salientes con tus pliegues.

           Hay que joderse, solos, de día y de noche, las veces que sea necesario, pero, ¿cuándo podremos decir “entonces”? Lo extraño todo todavía.

domingo, 19 de junio de 2016

Dado que siempre me sentiré partido

y petrificado

por ese río de coches tan ancho

y ese árbol con ventanas de ladrillo claro,

se acabaron las vueltas Alavida,

se acabaron los relatos.

Si se trata de jugar a ser el más fuerte

es obvio que he perdido

y no hay más que salir por piernas,

para nunca volver a entrar por las tuyas.

Lo llaman amor, pero son bocas de metro que te engullen.

Lo llaman recuerdo por ponerle un nombre a la ausencia.

Yo lo veo más bien como la prostitución de la palabra,

pequeña y puta insidia,

mentira enjuiciada.

Desde ahora, me guiaré por los cabellos,

nunca más iré a tu casa en bicicleta

y dejaré de verte en cada balcón porque no miraré hacia arriba.

No te engañes, no te miento;

hace ya mucho tiempo que no te pertenezco,

que no sientes nada por mí

y que yo por ti solo muerdo.

Lejos es utópico, como siempre,

y no quiero estar cercado.

La vida se encuentra en el respaldo de un banco,

en el swing de un viernes

o en la madrugada y el tabaco.

Desprecio tu azotea,

y cuando tengo el bicho

lo mato a mi manera.

Paralelamente,

todos los lugares que un día fueron nuestros se mueren,

no hay polea que los salve del peso del tiempo.

Huyo, porque a huir me enseñaste.

Corro cargado de cuadros y fotos en elipses a tu eje.

Sigues siendo la perfecta dosis de distancia,

el medio amor de una madre

la suave seda de araña.

Como ahogarse en seco en la edad del sol,

como seguir mintiendo.

Tú quédate ahí,

yo me voy a ir yendo.

lunes, 30 de mayo de 2016

De alambre

Vos no fuiste mi mina de la plata. Separan la saliva y la lengua dos mundos de herrumbre que, en sus órbitas, a veces chocan. Ahora yo soy tan solo el efecto colateral del oscuro paso del tiempo y el zapateo de tres pies ebrios en un momento de piedra, pero jamás me sentí tan lejos de ser tan solo como cuando no lo fui con vos. Y permíteme esta lanzada aunque no haya habido otras, porque, aunque soy torpe y niño, mis ojos y mis manos supieron oler la sal de tu cabello, probar el aire de tu boca, escuchar los viajes de tu piel. Cuando vi tu cabecita a lo lejos, desde el principio quise pararla junto a la mía. No hay serendipia que valga, es complicado viajar con vos sin saber de donde vienes, a donde vas, así que timidamente acaricio las vocales y consonantes de un momento que ya pasa y que pronto pesa. Solo quería agradecerte aquella sonrisa vaporosa tuya que jugó ayer con mi mirada, el atraerme a la intersección de vuestro mandala de momentos únicos de hilo áspero, para, después, salir ahogado de cerveza rubia y pelo negro. Viaja por los dos, por los tres y por los cuatro, y que cada escala en tu camino sea otro viaje más, hacia la música, hacia lo conocido y hacia lo que está por conocer. Cuanto me alegro de haber sido para vos ese chiquito abrazo de nieve. Para mí siempre serás aquella dulce mujer de alambre.

sábado, 28 de mayo de 2016

1000i

Después de una semana he decidido escribirte. Aún resuenas en mi cabeza cual réplica de un terremoto de magnitud 6. Tuvimos conversaciones profundas a paso superficial. Acordes mezzofortes sobre el piano. Igual que la sensación de tener el palpitar de tu corazón dentro de mi en aquella habitación silenciosa, oscura. Era vivir en una pecera aislada del mundo donde solo estábamos tú y yo. ‘Me gustaría ser cristal para saber qué se siente cuando la presión te rompe’ solía pensar. Ahora sé lo que se siente. Tengo mil escenas que guardar en mi memoria, mil canciones para ponerle de banda sonora a lo que podíamos haber sido, mil recuerdos que he compartido y mil que se han quedado en standby. He que confesar que solía tenerte miedo, pero me tenia más miedo a mí. Si el vidrio tuviera voz seria la mía gritando. Un grito de temor que pasa por un estado de sufrimiento hasta llegar a liberarse. A pesar de eso aún siento que podría repetir todos los estados de incredulidad, miedo, alegría, tristeza, incertidumbre, que dos semanas aislada en una pompa de bohemismo te pueden brindar. Aún no tengo muy claro si esto es un adiós o un hasta luego, Pero me alegra haberte escrito.



– por MV

martes, 17 de mayo de 2016

Camino (18/08/2015) - Alex

"Oh, Alex, que crees que no te echo de menos y nada más lejos de la realidad. Mi pelusa, tonto Alex, que estás tan lejos que ya no sé ni como eres, y te siento tan cambiado cariño, que hasta tus ojos verdes son más verdes y viven más. Y ahora me siento sola, y tan cambiada que no sé si voy hacia delante o hacia atrás, Alex, y piensas que no me importas y no sabes lo equivocado que estás pelusa, que te pienso y te sueño tanto que lo que pasa es que agoto tu recuerdo tan rápido... Alex, que cuando vuelvo al Nervión todo me recuerda a ti porque he descubierto todo contigo, y cuando tomo café me sobra azúcar y me faltas tú en esa terracita tan pobre de Madrid donde nos sentábamos cerca de Julio y Merche, ¿te acuerdas? Pero chiquita sonrisa tienes ahora, aunque cuando nos veamos me llores y te veo tan de piedra como siempre, tan inamovible, Alex, que me da miedo ser capaz de desplazarte amor. Y me rompes el alma cuando me cuentas que las cosas no mejoran pelusa, porque no sabes nada de las cosas y es que a veces eres tan tonto como yo y te cuesta pensar en los cambios, mi vida, por mucha rabia que te dé que te llame así, testarudo y tonto Alex. No sabes lo que eres ni lo que vales porque no eres capaz de verte desde fuera, y te vuelves inseguro y eso no es bueno, Alex, que empaña lo mejor de ti mismo, y es que te quiero y por eso sé lo bien que te vendría pararte de vez en cuando a pensar un poco en ti mismo y nada de nada en los demás. Ojalá, ojalá, ojalá pudiera, Alex, pero no puedo, darte la mano y volver a Suchil como aquel día o colarme en la casa de tus padres y gritarte flojito que eres único y que me haces vivir tanto que los demás me dan pena, pelusa, porque me compadezco de quien no te mira con mis ojos, esos que tanto te gustan porque dices que son los ojos de tu vida Alex. Mi pajarito azul de cristal, rompe jaulas, que te movías tanto, Alex, que nunca me llegué a creer del todo que te parases a esperarme, para que yo me moviera contigo. No, pelusa, no te olvido y sí, sí te quiero, pero entiende (...)
Me voy un ratito, Alex, pero llámame que yo vuelvo para ti, y ayúdate que me rompes en tres cuando me lloras en el hombro. Te quiero mucho pelusa."

viernes, 29 de abril de 2016

Marry me

Por no cometer el mismo error de siempre
y terminar escribiéndote cuando ya no estés,
esta vez he decidido escribirte antes de conocerte.
Tengo vía libre para imaginar mil amaneceres contigo,
mil cabellos de un nuevo color para llenar mi cama de muestras de tu presencia.
Tú tan tranquila, sin saber nada, besándome sin querer
y yo imaginando como serán la primera vez y las primeras veces.
Me pregunto si algún día caminaremos frente a tu colegio,
rabio sin saber si tomas café o té,
y te he visto fumar pero todavía no he fumado contigo.
Quiero saberlo todo de ti entre silencios de redonda,
empezando por si te resultan cómodos o los odias.
Quiero que me lleves de viaje a tu pasado en un futuro,
medir el ángulo de la primera sonrisa que me dediques,
jugar a fingir que todo va bien cuando me apagas las luces
y ser para ti nadie, para así no tener que marcharme.
Pero la realidad es bien distinta.
Tú apenas sabes que existo,
y yo haciendo sonar la lira.
No quiero saber si es pronto para escribirte,

pero me alegra saber que te he escrito.

sábado, 23 de abril de 2016

Cuarta carta - Recitado en Vergüenza Ajena (20/10/2016)

¿Recuerdas los recuerdos? Yo a veces les doy cuerda, y concuerdo contigo en que concordábamos más antes de la discordia. Qué cordialidad el silencio que rodeaba al diálogo, cuando el dial proyectaba lluvia y éramos dianas de diecinueve porciones. Sucedían nuevas escapadas a media tarde o mañana. “Nieva”, te dije, y obtuve por respuesta tu nívea piel junto a la mía. Te empezaron a llamar novia, y aunque todavía no veía lo bella que eras, velaba muchas noches volando contigo, siendo duro y blando. Pero, ¿sabes?, siempre supe que éramos de diferentes bandos, tú abanderada y yo vadeando ríos metafísicos, badenes en mi vida sin andenes, pero por no quedarme parado, ando. Tanto que el espanto trajo consigo pantanos de lágrimas cuando nos plantamos en aquella cafetería de plata de segunda; metí la pata, sí, pero no sentí la patada hasta más tarde. Parada te quedaste en mi saliva, y tu mirada se sostuvo una miríada sin tu rostro, que migraba lagrimando como en una grabación, vacío. Ojalá hubiese sido algo más que el prefacio, pero prefiero tu fiereza y el haber encontrado tu fuerza algunas ocasiones más, abriendo y cerrando la puerta de mi casa y dando la vuelta, una y otra vez. Ahora vuelas lejos, y de vez en cuando sigo tus huellas de puro amor por ellas, que huelo tu pelo aún recogido y aunque no quiera me muevo. Y de nuevo me digo que no habrá un luego, que el juego ya se apaga y el fuego se termina, recuerdo los recuerdos y me muerdo las heridas para saber que no estoy muerto, que ahora vuelvo a tener vida. Despierto.

lunes, 18 de abril de 2016

lunes, 11 de abril de 2016

1975 (II)

Derrapo a la entrada del viejo almacén con tan mala pata que casi volcamos, el suelo está embarradísimo. Abro la portezuela y penetro en la estancia donde hace un tiempo los señores Hammond y Hinchliffe jugaron con la vida de tantos inocentes. Busco la trampilla camuflada como una enorme baldosa, la dejo abierta, y salgo corriendo a la calle a por Zolo. El cielo está repleto de nubes negras, hay tan poca luz que Zolo parece una inocente muchacha dormida sobre una moto, pero las gotitas que caen al suelo y que están formando un pequeño charquito son inconfundibles. Joder.
            La apeo de la moto lo mejor que puedo y la cargo deprisa hasta las escaleras que he destapado tras la trampilla. No sé muy bien cómo me las apaño, pero consigo bajarla rápidamente hasta el laboratorio, la tumbo en una camilla metálica y procuro no prestar atención a las manchas rosadas que impregnan mi ropa. Me concedo dos o tres segundos para recuperar el aliento, me armo de un cortafríos y comienzo a desgarrar la ropa de Zolo, incluyendo la chaqueta que yo mismo le anudé al vientre. Verter el vinocular directamente en la herida espesó la sangre, no llegó a coagularla, pero voy a tener muchos problemas para extraer los cristales.
            En un bol metálico preparo el pastoespeso, lo dejo reaccionar y mientras tanto inyecto una pequeña, mínima dosis de adrenalina en una de las venitas azules del brazo de Zolo. Se me había pasado por alto que la he desnudado por completo, pero mientras aprieto el embolo me doy cuenta de lo que deseo a aquella chica, aun con la sangre y la palidez de su rostro…

            Otro sentimiento aflora en mí, la curiosidad científica. Tengo un sujeto perfecto para probar el regenerador celular, el anestesiante activo, etc. y me pregunto si alguno de mis dos sentimientos entra en la categoría de noble: mi atracción por una chica sangrienta y moribunda o la curiosidad epistemológica de testear potentes soluciones curativas.

viernes, 1 de abril de 2016

Tercer mayo

He tenido de ti suficiente como para no volver a tener suficiente en toda la vida.







Aguja e hilo.

domingo, 27 de marzo de 2016

1975 (I)

Zolo Marlene se muere. La he apoyado en un banco y le he dado un traguito de vinocular con la esperanza de que mitigue su dolor. Jamás lo ha bebido nadie en su estado, que yo sepa, pero el principio activo no tendría por qué dejar de funcionar. Zolo, con sus cabellitos dorados y su tripa manchada de rojo… Zolo se está desangrando, tomo consciencia de ello. Delira y sonríe, mastica el aire y escupe algunas palabras ininteligibles, salvo su nombre, su puto nombre.
            Si no hubiese llegado, todo habría sido muy distinto, yo habría sacado con cuidado la probeta del ombligo de Marlene y me hubiera ido de allí, como un fantasma, como si nunca hubiese estado. Casi me da algo cuando Serge ha abierto la puerta, pero  la que se ha llevado la peor parte ha sido Marlene, cuando la probeta se ha partido en dos. He perdido la fusión y he tenido que arrancarle la parte de dentro a lo bestia…
            Se me ha ocurrido una idea bastante absurda, pero la he puesto en práctica. Tumbo a Marlene boca arriba y subo su jersey. Puag, me dan ganas de vomitar, pero en su lugar vierto unas gotitas de vinocular allí donde tiene el mayor estropicio, y poco más puedo hacer, ya limpiaré los cristales cuando la tenga en mi laboratorio. Le he atado como he podido mi chaqueta humedecida en el costado y la he levantado con cuidado, pero parece sentir poco dolor, y su cabeza está dando vueltas. Durante una fracción de segundo soy tan gilipollas de apreciar lo tremendamente guapa que es, pese a estar casi literalmente ahogándose en sangre. Su pelo no tiene razón de ser, es incontrolable, domina el viento. No me gustan sus ojos, pero no me gustaría dejar de mirarlos. Y sus labios…
            Parece triste. Cargo con ella todo lo deprisa que puedo hacia la 125cc con la esperanza de no cruzarme con ningún agente de la ley. Eso que me resbala por las mejillas deben ser lágrimas, a juego con el moco que intenta conquistar mi labio superior. Fuerzo a Marlene a abrazarse a mí en la moto, y empiezo a temer el momento en que la sangre traspase el tejido y llegue a humedecer la piel de mi espalda, pero poco sentido tiene preocuparse por ello. Domino mis temblores lo suficiente como para arrancar a La Bestia y acelero con cuidado, no vaya a llamar la atención. El trayecto al laboratorio es el de siempre, familiar, tan transitado por aquella moto hacía tan solo dos años. La Bestia casi agradece lo familiar del suelo y del viento, y yo no dejo de pensar en Zolo.

            Zolo, con su potente cabellera rubia, con sus putos ojos no marrones y sus carnosos labios. Sin duda tiene mejores labios que Cindy. Durante una recta puedo mirarla de reojo y esta vez parece feliz, como si durmiera tranquilamente sobre mi espalda, pero no, no te duermas Zolo, no te estanques, no te pilles. El viento arrastra mis lágrimas hacia su cara y Zolo se sacude un poquito, molesta. Irónico que sean mis lágrimas lo que arranque una señal de vida de aquella chica a la que casi asesino, entre el rugido del motor y del viento. Nunca volveré a hacerte daño, me digo mientras vuelvo a mirar al frente. Ya falta poco.

jueves, 17 de marzo de 2016

Página 3

Mario salió a comprar el helado, como habían acordado, y ella se quedó tirada en la cama, observando Madrid cada vez que el cortinaje del balcón era movido por el viento.

Como por querer romper con una serie de clichés varios, ella decide moverse de la cama, salir al balcón y lavarse los dientes allí mismo. Se da cuenta que hace frío, ese tipo de frío que golpea más en los ojos que en la piel, pero no le presta la mayor atención. Mientras sus ojillos marrones luchan con el frío y tiene la boca llena de espuma sabor a menta, localiza a Mario en la calle allá abajo, comprando dulce de leche helado en un puestecito. Abre la boca y escupe la pasta de dientes directamente al asfalto, como queriendo llamar su atención, pero no lo consigue. Un policía de tráfico que trabajaba en el cruce, se da cuenta de la alteración del orden y pita a la chica con indignación. Esta vez Mario sí que se altera y dirige su atención al policía mientras Ana se ríe sobre el balcón, con su sonrisa impecablemente limpia.

martes, 1 de marzo de 2016

Allí

Un sobre rojo. Dentro:
Un círculo desmaquillante, un pelo escarlata y una carta fechada de julio.

jueves, 25 de febrero de 2016

Te quiero escribir un texto

Es la sombra de un te voy a echar de menos que ya se acerca. Tras un tiempo de no reflexión, de abandonarse al sentir, me he perdonado a mí mismo. Ya no hay asuntos a medias, ni miedos, ni miradas que se pierden en la oscuridad. No ha sido y no es fácil, pero no quiero irme, no tan pronto. No ahora que paseo por tu cuello, que me pierdo en tus ojos (grandes, marrones) y me encuentro en tu boca. No quiero porque nadie aquí, allí o allá, besa como tú. Porque si estás estoy y cuando me vaya, quizá también necesite tres almohadas para sentirme cómodo. Y serás mi nuevo asunto a medias, tendré motivos para volver la vista atrás y sentiré el dolor del arraigo, me faltarán calles que recorrer y labios que descubrir para olvidar que estás aquí, tan cerca y tan lejos, luchando por estar allí. Pero como se está en personas y no en lugares jamás podré irme del todo, y estarás presente en mi cabeza del mismo modo que yo espero estarlo en la tuya. Espero que algún día sea una de mis fotos la que observes desde el alfeizar de tu ventana, fumando. Siempre estaré de tu lado, porque a la larga a las buenas personas les pasan cosas buenas y espero no perderme ese momento, para no tener que escuchar más adelante «sigo pensando que me tenías que haber hablado entonces». Seguirás viva en mis letras siempre que lo desees y cada vez que nos crucemos, querré ayudarte a conseguir todo aquello que te propongas, porque la felicidad consiste en eso, y tú has sabido regalarme lo que necesitaba. Siempre serás Noche y serás Día, la pianista, el mejor caso de psicología en el planeta. Algún día te contaré como el sonido de tu sonrisa es una de las cosas más bonitas que he escuchado nunca, algo que para mí sí es realmente nuestra canción, y durante mucho pensaré en ti: En tus setenta mil pensamientos, tus doce abrazos, tu amor por la simetría, tu dolor y tu alegría, todas esas cosas que me has contado porque simplemente me senté a escucharte. Añoraré tus «no te vayas» cuando ya me haya ido, querré escuchar un «vuelve» y te diré «ven».
Conocernos ha sido el broche final que cierra y conecta una serie de puntos en el espacio-tiempo. Todas esas horas bajo el mismo techo, las personas en común, el no conocernos en su momento, las situaciones extrañas... forman los vértices de una figura geométrica alucinante, una figura que se ha cerrado cuando el azar nos llevó a sentarnos aquella noche en aquel banco. Poco a poco, quiero que se vuelva más grande y más compleja, y a la vez que todo siga igual que ahora, porque contigo me siento como pocas veces me he sentido con alguien: tranquilo.


Me pregunto si puedo echarte de menos, pero solo por darle una pregunta a un sí.
El sonido de tu sonrisa. Venga, pongámonos serios. Qué es esto, dónde pretendo llegar. El sonido de tu sonrisa. La perfecta curva de tu barbilla. Tus ojos. Tu flequillo, despeinado, peinado, despeinado. El sonido de tu sonrisa... Una vez más caigo en un regazo, rezagado, pero no, no, no. "No te estanques", "no te pilles".
Podría haber sido cualquiera. En cualquier parte del mundo. Pero quizá sea ella una de las dos únicas personas que han escapado de mi pasado, y eso es jugar con ventaja, es hacer trampa. Quién ya ha estado en mí sabe como se entra.