sábado, 29 de agosto de 2015

No me seas el sí pero no porque ya estoy harto de vicisitudes, y si dices que estoy enfermo de nostalgia tanto peor, pues es la enfermedad que más dura y la que menos mata. Sal de mi vida porque eres la sal de mi vida, y tu imagen, oh tu imagen, que hace que sienta pinchazos por dentro como si me puntearan el pecho con una máquina de coser botones, que no cambia por mucho que cambies, que no se estropea con las lágrimas ni se crece con las sonrisas. Ella es la puta culpable de todo, de mi enajenación y de tu mermamiento, de que seas los restos cerosos de una vela y yo la ceniza de una antorcha. Harto de ojos, estoy, porque no entiendo como sin ellos puedes seguir teniendo una piel tan tersa que ridiculice al resto del género femenino, y si te desmenuzo como lo hago no acabo de terminar una hoja y ya estoy empezando una segunda para hablar quizá del dedo que sigue a tu pequeño meñique. Que eres huracán, mon Dieu, el claro en el bosque, y tu iconografía infinita se expande como tus cabellos por el mundo e inevitablemente acaba rozándome algo que activa mi memoria táctil y otra vez tú, imaginada o imagen, te eriges como puedes delante de mi vida cuando de hecho yo temía que siguieras detrás, y vuelta a empezar. Pasarán los años y serás otra más de las que nunca fueron otra más, en mi relicario polvoriento estarás agazapada y menuda como he de confesar que me rompería verte de tanto que me gustaría tenerte así, pero cerca, y abrazaré por detrás a un recuerdo que quizá proyecte en la pared la película de ojos marrones que tan aprendida me tengo. Y serán todo desconchados y melancolía que habrá que sepultar a fuerza de vivir y narrar, porque nadie permite que yo sea en ese mundo descriptivo, por muy rayano que esté con la acción; eso si no es la auténtica acción misma y todo lo demás un falso techo, una acumulación de retórica inversa que vuelve sobre sí misma para dar la impresión de que la auténtica vida es el vivir y no el recuerdo. Qué actos tendré que emprender para continuar, para no aferrarme al último borde de tu imagen, y cómo serán, si naturalmente indeterminados y azarosos como la vida misma o predefenidos y repensados hasta la saciedad para autoconvencerme de que, efectivamente, son los movimientos a realizar para rehabilitarse de la escisión, por muy mecánicos que sean. No lo sé, no lo sé, no sé nada.


viernes, 28 de agosto de 2015

Breves instrucciones para follar

Ven, que si vienes voy a acariciarte el bolsillo, a respirar de tu pelo y pastar en tu pecho. Chocaré mi nariz con la tuya, y serás reina y yo seré rey al menos hasta que nos separemos, como se separan las tostadas calientes de las resistencias del tostador o las pegatinas húmedas de los botellines de cerveza. No será hasta que tú me lo ordenes que yo salga de ti solo para caer en tus brazos desde los míos, y así sudaremos un rato, hasta que se haga obvio que es necesario encender un cigarrillo y lleguen las observaciones sobre lo revuelto que tenemos el cabello o lo raro que se hace el mundo cuando estás desnudo y mojado. E imagina que de nuevo resurje el impulso y tenemos que volver a tumbarnos y empezar desde cero por segunda vez, que multiplicativamente hablando sigue siendo un cero en toda regla. Qué más da que haya sol o estrellas allá arriba mientras siga habiendo blando aquí abajo, y acabaré mirándote con estos ojos porque querré escribirte más tarde para que quieras volver y crear nuevos microcosmos, quizá en silencio, o con swing, sentados o de pie, en mil horas mal iguales y bien distintas. Di tú que sonríes, y llenamos la habitación de jadeos y suspiros que se funden con el humo y la humedad, que haya que abrir las ventanas para que el viento gélido se lleve un pedazo de esa mezcla y se pose sin consentimiento en nuestra ardiente piel. Por favor, ordénalo todo de tal manera que puedas quedarte a dormir después y yo te dormiré para despertar juntos, como si el hipnos lo fuera menos si eres presa de mis brazos y el sexo un poco más si eres lo primero que veo al despertar. Llora o sonríe en algún momento, en un punto cualquiera de la línea que trazo por tu espalda buscando tus cosquillas, contágiame para que se me olvide que estoy solo, probablemente más que tú, y dime de ti lo que nunca haya oído de nadie, que si tienes secretos será más fácil que te recuerde.

martes, 11 de agosto de 2015

Definición literal aliterada

Qué simple soy, que sucumbo a los eslabones causales del tipo objeto-recuerdo-tristeza-llanto. Una cadena lineal en la que el papel de objeto lo puede jugar un artefacto propiamente dicho, una representación bidimensional, por ejemplo en papel o papel fotográfico, de un tiempo pasado. Pero también un lugar, un espacio cuadrangular con dos camas donde una persona va a dormir y la otra va a quedarse hasta que la primera duerma, por puro placer. Pero también una fecha, un momento, que trescientos sesenta y cinco días más tarde ha cambiado radicalmente hasta el punto de volverse etéreo y casi místico, de fijar un antes y un después en todo tipo de comparación al respecto. No soy mucho más que la nostalgia que se acumula junto a las palabras que tanto tiempo llevan sin usarse, como "pequeña" o "moflete"; o el cuerpo que busca a tu cuerpo en la misma cama para protegerte de la noche. Soy tan poco como un tirón muscular en el momento menos oportuno. Alguien que de vez en cuando pone sus ojos en los conductores del metro, o en los túneles, o sus dientes en tu labio inferior, o su lengua en tu labio más inferior todavía. Soy libre, soy libros, y soy nueve casillas de la tierra al cielo, soy un té earl grey y me ilusiono como un niño cuando nieva de forma inesperada en un viaje. Soy amor por el mar, soy barcos, soy EL barco. Algo así como gritos, lágrimas, y susurros en el baño. Soy toda una gastronomía andante. Lloro cuando tú, pero siempre sin que te des cuenta, y maldigo a quien te hace daño. Hago cartas de papel y papeles de carta. Soy molesto porque me cuesta dejar de reírme de todo o de cantar en público, para hacer más llevadera la aburrida vida cotidiana, también por eso de quejarme de todo o caminar kilómetros de madrugada. Dicen que yo soy yo, que no aparento. Un curioso caso, porque en lo importante soy un desastre y en lo nimio extremadamente preocupado, pero son los demás quienes están mal, porque todos sabemos ser profundos en las cosas profundas pero muy pocos somos capaces de serlo con las mundanas. Soy quien se encuentra un pelo escarlata en el cabecero de su cama y lo mira ensimismado, uno, dos, tres minutos.
Gracias por hacerme ser así.


domingo, 2 de agosto de 2015

EO

Ya viene, o mejor dicho, está viniendo. Hay mucha gente que no es capaz de notarlo, y otros que sí podemos. Empieza con un escalofrío que me recorre todo el espinazo, los brazos se me entumecen atravesados por un calambre... pero sobre todo lo que viene es nada, un vacío, como un agujerito por el que se va perdiendo todo en un goteo leve pero constante. Es una sangría de memorias, sensaciones, del amor y sus trozos de lana vieja. Una regresión a una etapa previa, una metamorfosis a la inversa en la que no todo se pierde. Hay elementos que ya no se pueden arrancar: son esos parches y nuevas costuras que se han adherido a nuestro ser y no tienen nada que ver con ningún otro. Aquí radica mi principal fuerza, pues solo se trata de la optimización de recursos, de una corriente resacosa entre lo que soy y lo que quiero llegar a ser contra la que tengo que luchar cada vez que despierto del sueño. Prefiero ser consciente del proceso, que se parece demasiado a la escultura de una nueva forma, y dar los retoques finales de la manera que a mí más me guste. Es el mejor momento para dejarse llevar por el azar, cuando mejor sabe cualquier pequeño suceso que previamente no encajaba en los esquemas. Así se crece, para bien o para mal, pero sobre todo para ninguna concreción. Cuesta ser partícipe del proceso hasta el punto de controlarlo, pero se tiene tanta voz como para gritar las instrucciones generales y que sea lo que tenga que ser. En realidad es lo mejor de todo esto, la indeterminación, y la diferencia entre quien acepta las casualidades o las niega, entre quien tiene la ambición de crecer y quien no. Qué sabia es la vida, que cuando no se quiere bien a la gente que nos rodea, hace que se alejen, solo para caer en los brazos de quien sí está dispuesto  a hacerlo. Hay mucha gente que no es capaz de notarlo, y otros que sí podemos. Ya viene, o mejor dicho, está viniendo.

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Cuartilla sobre el olvido, para leer de arriba a abajo o de abajo a arriba.