viernes, 31 de julio de 2015

Perspectivas de pasado

¡Qué curioso! Que el día que conocí a Noche ya me estaba diciendo «no te vayas». La miré fijamente, dejando que mi verde calara en su castaño, como si quisiera devolverle sus palabras impregnándolas de un significado totalmente distinto, tan cargado de emoción que lo extraño fue que no la fulminase allí mismo. Allí mismo, tan cerca y tan lejos del hogar. Me habían pasado tantas cosas entre aquellos árboles que había renunciado a cualquier acción volitiva en busca de novedad alguna, pero mi vida es así. El día que entienda por qué me sigo moviendo con tanto brío...
Y sin embargo allí estábamos. Casi me sentía como en Suchil, Olavide, o cualquier otro lugar favorito, y es que cada vez estoy más seguro de que se está en personas y no en lugares. Un trozo de piedra que sostiene un banco metálico, que no valdría ni medio pelo si no fuera por las hordas de posaderas que descansan allí día y noche. Y eso que hay muchas personas que no podrían magificar ningún sitio, Noche y yo fuimos capaces. Nunca se sabe para quien se es transparente, así que horadé en su vida sin discreción alguna, mientras besaba al vidrio esperando que la botella pensase por mí. Vivan los idiotas. Y Noche deshiló allí mismo tres o cuatro ovillos de sí misma, como si fuera lo más natural del mundo. Me preguntó si pensaba que estaba loca, pero le respondí lo que a todos, que «no creo ni que los locos de verdad lo estén», por no alejarme de esa atmósfera sinsentido que tanto me gusta. Le debo tantísimo al azar... porque me niego a etiquetarlo de cualquier otra forma, si las cosas se pueden procesar a un nivel básico es una chorrada ir más allá. Quizá sea que yo no parto de un nivel básico de análisis, pero eso no viene al caso, baste la idea de que volví a pensar en el azar y en lo enamorado que estoy de lo raro, y es que siento cierto apego por las cosas rotas, extrañas, las circunstancias circunstanciales y las probabilidades que parten de un numerador muy pequeño y un denominador excesivamente grande. De todas formas, como me suele suceder, ya iba comprendiendo a Noche, y sabía que ella es así, que no es un privilegio escuchar como fue rota y reconstruida un par de veces por un par de decenas de manos. Y me pregunté como no había más oídos en su vida, dispuestos a escuchar sus palabras en repeat hasta que se aprendan de memoria, como se hace con las buenas canciones. No sé si sentirme alegre o triste porque tan poca gente seamos tan así.
Ella no lo sabe, pero le di mis ojos y eso es algo que no suelo regalar a la ligera. Después volví a casa, a deshoras, caminando en medio de la calle y cantando, viva la reputación...
Sigo escribiendo y tachando frases de la lista de cosas que tenía que hacer pero que no sabía que tenía que hacer hasta que las he hecho.
PD: Noche es de ojos grandes, marrones, negros. No podría ser de otra forma.

martes, 28 de julio de 2015

Noche

No sé si escribirte algo o si ya está todo escrito. Tallé en tu piel muchas palabras a base de mordiscos y besos, bajo el ritmo de tu risa recurrente. Garabateé con mis ojos en tu cuerpo mil formas y letras, y hundí mis uñas en tu espalda para hacer las tildes. Buscaba llegar tan lejos como pudiera, que me leyeras en todo momento. A veces es mejor así, que esas horas queden escritas en nosotros y no en una hoja de papel. Volví a ver esa sonrisa que solo yo veo.


Anoche tú y yo jugamos,
a ese juego en el que tú,
siempre sales vencedora,
me enseñaste mil sonrisas, 
bajo un techo de estrellas, 
el de tu habitación....

lunes, 27 de julio de 2015

Espinas

Soy como un gato que intenta cazar moscas, salto, araño y persigo esos ojos negros. En una vida como si, como si, como si, los ojos se mueven y se cambian de cara, pero siempre son negros y grandes. Busco mi homónimo; marrón y verde, quizá tan solo quiera ser un árbol. Me cuesta dejar de pensar en la dualidad pero me obligo a hacerlo dejando fuera las dicotomías. Aunque los ojos sean los mismos, los labios van cambiando. Quiero probarlos todos.
Han pasado dos años. Cuatro años. Ocho años...
Y seguimos jugando al juego de miradas. Siempre que los tenga cerca, voy a perseguir tus ojos. Casi siempre que se crucen nuestras miradas, haré como que no te he visto. Será para casi siempre. Solo tú sabes jugar a esto, y me cuesta recordar quien empezó. 

miércoles, 22 de julio de 2015

Pandora

Mierda, hace frío, cierra la ventana. No puedo decirle eso, es tan de sentido común que me asusta. Además que ni lo pienso de verdad. Me gusta mucho verla sentada en la cama, desnuda, fumando, mirando a través de la ventana. Que ruidosa es fumando. Cada calada parece un suspiro al revés, y quizá lo sea. De vez en cuando comienza una frase con «¿Sabes?» y me cuenta algo que no sé con la entonación alterada por el humo, algo que tengo que intentar retener mientras disfruto de su imagen y del momento en mi retina. Ciertamente tenemos un cuadro. Yo tumbado, siento el viento de la noche, me revitaliza y hace que disfrute de este todo. Ella aferrándose a un pedazo de manta, que simboliza un poco el mundo real, mientras pierde su mirada en el exterior. No sé si mira al frío, pero mira a algo que no está presente, que no se puede mirar. Me voy a incorporar. A lo mejor si la abrazo por detrás hasta que nuestra piel se pegue, yo también lo veo. A lo mejor si fumo, yo también lo veo... A lo mejor si la hago sonreír, esto se repetirá todas las noches. Me da que hoy voy a dormir poco.

lunes, 6 de julio de 2015

Destiempo

Yo la perseguía por toda la ciudad. Empecé durmiendo en aquella cama acolchada y vieja, para días más tarde conocerla en el pasillo de aquel mismo extraño piso, en una alineación triangular extraña, de amistad, de vida y de muerte, que casualmente tuvo lugar en una intersección extraña de tres caminos donde yo elegí la (extrañísima, donde va a parar) puerta de la calle. Dormimos en la misma cama con meses de diferencia, y con vidas de diferencia. Yo y mi ineptitud de siempre, mi desesperado grito y los ansiosos chapoteos a oscuras, buscando agarrar un mundo con las manos que no terminaba de entender con la cabeza. Ella y su marea, su no saber estar, su búsqueda... ¿de qué? de la cama de al lado, de salidas por la puerta de atrás o la de delante. Dormimos también en camas distintas a la vez, con escasos metros de por medio, y mi persecución estaba ya en marcha. Y no lo sé ni a estas alturas pero me la encuentro y la busco sin saberlo, doy fe que es totalmente anoético, que la vida misma tiene una fuerza que a veces juega con nosotros. Y ella parece un fosfeno y no estoy seguro de si existe cuando se marcha tras la puerta o la ventana. Porque si las cortinas blancas la tapan y no la veo, ¿cómo estoy seguro de que realmente es? Si siempre me ha parecido tan de ensueño que me costaba creerla real cuando se resbalaba entre mis manos.
    "Todavía no me lo creo"
    Y la perseguía y la persigo, y arañé la superficie de su vida con extremo cuidado porque soy así y le gusté y yo no sabía que le gustaba, y probablemente ella tampoco. La gente nos delató. Quizá esos amigos nos abrieron un camino común, o fue el camino el que nos llevaba a andar entre la misma gente. Hablo de su microcosmos, y de como echo de menos su vida y no solo su persona. Yo inmerso en ese tipo de cosas, como si mi realización dependiese de repente de oler la almohada para encontrarme con su champú o de esperar nervioso fuera de la boca del metro. ¿Era fuera o era dentro? Eran las dos cosas, si no, no habría existido esa tendencia a acercarse el uno al otro, a olisquearnos como dos bichos raros en un cajita de zapatos. Empezaba a darme cuenta de muchas cosas que antes no percibía, no es como si hubiera tenido los ojos cerrados... es como si nunca hubiese sabido enfocar, o dirigir la mirada a lo verdaderamente importante. Cómo amaba su vida... Desde el extremo hasta el presente, acariciaba y observaba cada pedacito suyo con cautela, maravillado por la riqueza de matices y sorprendido por estar ahí, presente, de la mano, del oído, de la boca. Me duele el solo hecho de recordarlo, me duele su dolor y aún hoy... aún hoy la cogería, la mimaría, me enfrentaría a su mundo de su lado, desatendiendo por completo el mío. Por pura iniciativa, aunque ya no quedase nada mío en ella, porque es importante hasta un extremo que solo yo sé. Se volvió el bien más preciado que conozco, era un pájaro de cristal, frágil, que yo quería cada vez más pulido. Y yo era un niño que la seguía de cerca trastabillando, disfrutando cada vez que ella se posaba encima de mí.
    Y yo era un niño... que acertado. El principio del fin comenzaba a gestarse por aquella época, sin que la búsqueda mostrase señales de parar en algún momento, y todavía no las muestra. Juego con el concepto de amor, pero en realidad no lo veo nada claro. Incluso saliendo de mi boca o de mis manos no sé si alguien podría interpretarlo como yo lo siento, porque creo que habría que individualizarlo aún más, tiznarlo de eso que yo he sentido solo por ella y no sentiré por nadie porque nadie es ella. Ella está hecha de algo que a mí me gusta mucho, yo lo amo, pero acabo trascendiendo esa tendencia, olvidándome de diccionarios, de sentido común, de miles de años de verborrea cultural y buceando en su ser. A eso me refiero, a la sensación de plenitud de saberme dentro de ella, de reconocer que me pertenecen una serie de pensamientos y emociones que solo alberga y albergará por mí. Como pueden llamar a eso amor, en minúscula además. Cómo puede alguien imaginar lo que da de sí una mente tan enferma o sana como la mía en un tema tan ambiguo. Peco de alejarme demasiado de la norma, pero por nada del mundo quería ser topificado y en eso concentré todos mis esfuerzos.
    La complejidad es algo difícil de afrontar. El mejor consejo que te pueden dar es el de que no trates de no ser humano. Busca la humanidad en todo momento. Busca tu humanidad. No desesperes, no te dejes llevar por personas, actos, momentos... en definitiva órdenes externos. Cada uno tenemos millones de preguntas... pero también millones de respuestas a preguntas ajenas. Es cuestión de encontrar la combinación, lo que se reduce a buscar, y buscar es una actividad que depende por entero de uno mismo. No hay nada claro, no hay nada prefijado por antelación. La deducción es una patraña, toda la vida es una hipótesis a falsar. Cuánto más se ahonda más se vive. Más se sufre, más se disfruta, más se conoce, más se entiende. Y todas estas cosas las he aprendido en un intensivo de año y medio, casi sin querer. Abstrayendo de todo lo que el pajarito me contaba, de todo lo que había hecho y hacía. Yo practicaba la escucha activa con desastrosos resultados y solo el tiempo me ha hecho apreciar el buen sabor de todo esto. Como no me voy a sentir endeudado. Como no voy a querer regalarle mil vidas a base de caracteres, si es la única forma que se me ocurre de seguir haciéndole bien.
   Ay.