sábado, 9 de septiembre de 2017

Olavide

Aún desde casa la escucho, pero me asomo al balcón y la veo. Veo a lo lejos las poderosas Torres, enturbiadas por la bruma del Centro. Respiro el sonido de los zapatos de sus gentes en los adoquines, o el murmullo de los vehículos en el entramado de arterias que te llevan y te traen de aquí. Como susurros, el soplo de boca en boca teje la historia de una ciudad intrépida, liviana, fragmentada en el emocionario de todo aquel que ha pasado alguna vez por ella. Llegan desde Cibeles los abrazos como Búhos que anidan en el follaje exterior de la urbe, donde desembocan las noches sin estrellas de Moncloa y Argüelles. Rompen las olas en los vasos de cerveza de los amigos que se reencuentran bajo Sol, y suceden las cosas más extrañas en las plazas de Bilbao y Alonso Martínez. Una vez al año florece Malasaña dejando una estela de sabores y olores remontable hasta Lavapiés, donde todas las veces son fiestas. Hay en verano un calor latente que se disipa en las noches de baile, de cine al aire libre o de paseos a la orilla del Río, pero Madrid se quita la chaqueta y se descubre fría y gris en el viaducto de Segovia, donde hasta los más tristes desaparecen. Cada semana, cada mes, late un órgano distinto de la metrópolis, y en Madrid siempre habrá vidas para el que quiera vivir y canciones para el que quiera escuchar. Allí donde hay más besos y las casualidades más extrañas tienen cabida, se destapan amores de la infancia, discurren vertiginosos el querer y el odio y las parejas más extrañas de ojos lloran piel con piel. Todos los viajeros se hacen amigos en Huertas y todas las noches a pie de calle son irrepetibles, donde los labios son los protagonistas de únicas historias, mágicos besos y descorazonadas lágrimas. Momentos irrecordables pasan a la posteridad y casi sin quererlo le van a uno creciendo raíces. Es una de esas cosas que no existen y, por tanto, imposible de agotar. Donde se sienten todas las emociones escritas y las que están por escribir, allí estuve yo, de allí me voy y de allí nunca me iré.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Que toda palabra escrita sea obra de arte. Que toda comunicación sea un regalo entre corazones. Disponer de la palabra como abrigo, como libro prestado, como calor de fuego y olor a café. Abandonar lo minúsculo y construir desde la nada. Que las mentes se maravillen y estallen al consumir letras. Hablar en poesía, hablar con magia.

martes, 5 de septiembre de 2017

En un lugar de este lugar existe una receta, una combinación sabrosa de letras capaces de arreglar lo más desastrado de mí. Eso es lo que piensan algunos, se les inflama el corazón al pensar en horizontes colmados de comprensiones ascetas, de ocios enriquecedores y relaciones plenas. Tiene que ser así, ¿no? Por otra parte, cuál es la alternativa. Cuestión reformulada hasta la saciedad últimamente, alter-nativa. Podría no haberla, podríamos estar desalegres para siempre, sin arreglo. Los renglones torcidos de Dios eh...
   Te estás poniendo extraño, de una incomprensión notoria. Creo que necesitas ayuda y no la pides, viejo, pero porque no puedes pagarla. Tener que pedirla y pagarla siempre me ha parecido excesivo. Debería estar mirando mis zapatos continuamente, pero no los encuentro, ya no recuerdo ni la talla que calzo. Siento que no soy capaz de sacar algo coherente de un qwerty, veo todo brumoso y yo estoy perdido en medio. Tengo que despejar la niebla a golpe de algo, y se trata de probar herramientas. No quiero estar solo y sin embargo parece que quiero estarlo. No quiero estar perdido y sin embargo parece que quiero estarlo
   Pero basta ya, volemos. Como un párrafo nuevo. Como un pájaro que se deja escapar, y hablando de pájaros, y de dejar escapar...

miércoles, 30 de agosto de 2017

Silbido

Y pudiéramos seguir así,

regalándonos eternamente estos trozos de conversación

intercambiando palabras como estraperlo musical

cada uno presumiendo su caligrafía

acompañándonos un poco más en la sensación

    de hambre mutua.


Porque existen todavía nuestros ritos

se aferran a la yema de tus dedos, a las lenguas,

recorren tu piel y la mía

como una petición de socorro.


Es una carnicería de cariño

una realidad bajo sábana y colcha

un cepillo de dientes menos en el vaso,

nuestro pequeño secreto de sumario.


Me brotan las palabras como las muelas

buscan las tuyas y se funden con ellas de inmediato.

Son ese nimio porcentaje de la realidad

que justifica las combustiones espontáneas.


Pero yo no quiero que exista el calor

para que no haya que buscarlo

para no degradarnos en el medio.

Busco convertir nuestras ideas en el clima perfecto

como única tentativa para parar el tiempo

para dejar de ser tú y yo

   mitades.


Siento tu pensamiento en el sólido suelo que piso

pero temo ser tu fruta de temporada,

una metamorfosis involuntaria

que nos excomulgue del entendimiento absoluto.


Si hiciese siempre frío

tú serías el humo que sale de mi boca al cantar.


Yo pretendo ser las montañas

que devuelvan el eco de tus gritos

no quiero alejar nunca más

de tu boca mis oídos.









domingo, 27 de agosto de 2017

Número

Mira Marta, yo te amo, tú eso ya lo sabes, pero no sabes cuanto, ni por qué, ni ninguna de las otras big W. Pola París, Marta Madrid, Madrid de Marta, yo te quiero tanto que por quererte me junto con el otro extremo y te desquiero. Te quiero así cambiando de hogar, de barrio, de ciudad y de casa. Con un amor élfico, como el de los grandes reyes de los hombres, te quiero tanto que no one's gonna love you (more than I do). Tú no entiendes Marta, ahora no entiendes, pero no pasa nada porque una vez casi lo supiste y me quieres lo tuyo, como un bichito quiere la hojarasca, como una piedra quiere hacer ondas en la superficie del lago. Yo te quiero a través de los enseres de mi maleta y entre los huecos de la persiana por donde pasa la luz del día. Te quiero hasta vosearte que sos la séptima cuerda, casi dispuesto a estimarte, t'aime. Y yo que quería escribirte así, desnudito, para que vieras, para que olieras, al final acabo queriéndote pedante, terca, yo te quiero. Y nadie más sabe, no, ni un mínimo, y al final te quiero tanto que resulta difícil explicar por qué no te vivo, por qué no estamos en el mismo piso, en el mismo beso, por qué no somos, ¿te imaginas? Quiero tus vanguardias, te quiero por contemporánea, por occidentalista, por ávida erudita, pero en el fondo (sí, esta podría ser la clave) te quiero por nervioso pajarito, profesional, experta, huidiza, valiente. Qué cosas te susurro. A veces hasta las oyes, si hace viento. Eres muy observadora, y me da miedo que pienses en todo esto y lo desdeñes como amor romántico, etc. Te quiero tanto que entre tanta puta mierda eppur si muove, sé que lo único real es un abrazo tuyo, sé que un abrazo mío te curaría de la ansiedad, confía en mí psoy sicólogo. Mira si te quiero que voy a esconder con recelo mis palabras para que no te descalabren los pies al caminar, correr, despegar lejitos de mí. Voy a echarte un poco menos de menos cada mañana, para que así te sea más fácil. No más Mara, no más Alex. Anda corre, vive sin mí. Marta Madrid, Marta Barcelona. Y yo me voy.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Esfera

Hace tiempo que no te escribo así, chiquito, en corto. dolido y perdido. Quisiera preguntarte -si es que tú sabes-, si hay un rumbo establecido, si ves mis pasos, si prevés mi futuro. Dime acaso si desde arriba se ven los obstáculos, cuéntame debajo de que piedras se esconden mis fuerzas. Al oído, ¿me susurras cuáles son las cosas que me hacen vibrar? Cuéntame cuantas caladas me he perdido. Realmente solo quiero que el mundo se vuelva pequeño, mirarlo con lupa, crecer para niño, jugar con él. Quiero ser como tú siendo yo. Quiero encontrar una tercera mayor y una quinta sin tener que hacerlo de oídas. Guíame como sin guiarme, ¿sabes? Por qué no me revelas la sonoridad que produce cada letra acompañada de cada consonante. O me enseñas a andar de nuevo. Quiero haber aprendido a bailar, por ejemplo, o a sentir antes de tiempo. Quiero haber podido querer y decir te quiero. Sin miedo... Que fuerza tan grande.