jueves, 10 de mayo de 2018




I


      Se derraman algunas gotas de agua sobre la ciudad y me pregunto si lloverá también en tu casa. No siempre sucede, la distancia que nos separa a veces dictamina quien de los dos tendrá la suerte de sentir la lluvia. Se derraman algunas gotas de agua sobre la ciudad como se derrama tu café por mi cama. Sonrío, eres tan torpe, con esa cara de ratón asustado me miras, me pides perdón y yo me alejo una vez más de tus palabras para dibujar tu perfil con mis ojos, seguir el movimiento de tus labios y en definitiva atraparte en mi mirar. Luego te vas, recursiva, bajando las escaleras que caracolean de mi piso, mirándome en cada rellano y a veces demandando un gesto de despedida con la mano, tus ojos brillando desde abajo como estrellas caídas en un pozo. Crees que ya te has ido al cerrar la puerta pero no hay escaleras que desciendan de mi cabeza en forma de caracol. Te quedas fijada y anacrónica como pintura rupestre, aferrada a los axones y dendritas.



II



     Vivimos un rato bajo la misma música o la misma película proyectada en la pared, fumamos algo y subimos a la azotea. Pensamos en silencio pero a veces lo interrumpimos para relatar la forma de una nube especialmente feérica. Al poco te quedas dormida entre mis brazos y la quietud de la noche se expande sobre nosotros inexorable, inagotable. Se ven algunas estrellas y las nubes nocturnas de la ciudad, tan naranjas sobre negro. Vuelves a ser paz y yo convierto el momento en infinito, lo imagino de mil maneras diferentes, agregando y quitando elementos en cada escenario distinto. Noto como desde el presente haces una incursión en mi pasado, has sembrado un precedente, un antes y un después, una nueva era. Tú no puedes imaginarlo. Luego entramos al piso como anestesiados, y la quietud de la noche que avanza (inexorable, inagotable) se ve combatida incansable pero inútilmente por el led del router y otros aparatos eléctricos. Todos descansan, pero nosotros todavía nos reiremos un rato en la cama antes de dormir mientras buscas la postura idónea entre cien distintas. Te quiero tantísimo.



III



     Llueve para ambos y hay tantas cosas que quiero hacer contigo... Como salir de la cama de madrugada para desayunar viendo Barcelona empaparse, escuchar el ruido de las nubes llorar dignas y después volver a tu refugio chiquitito a dormir (quizás). Me quedo mirando al que solía ser tu pupitre y pienso en cuidarte, curarte. No me importa tanto que tengas heridas si me permites descalzarte, pasarte el algodón humedecido por la piel, masajearte, besarte. Eres tan agradecida para estos gestos que se me llena el corazón de ti. Casi te quedas quieta del todo, ¿ves?, vivirte para contarlo. Pero quiero que llueva de fondo y poder sentir la humedad en el ambiente. Que sea de noche, que nos duchemos para estar juntos y tomemos algunas verduras hervidas para cenar. Pero quiero que siga lloviendo, e imaginar el crepitar de algún fuego lejano. Tener mucho tiempo para disfrutar de tu pijama, puesto en ti o inerte sobre el suelo, preparar algunas infusiones llenas de vida y sueño. Pero quiero que no estemos aquí, sino en alguna casita remota en Galicia o en cualquier otro lugar mágico. Vuelvo a centrar la atención en la universidad, después de tranquilizarme sabiendo todo lo que haremos nuevo y lo que repetiremos la próxima vez que tengamos intimidad. Así llueva o no.

domingo, 6 de mayo de 2018




Este
es un sol que
está hecho de pala-
bras que quieren alumbrar
el vuelo de todos los
seres que no tie-
nen alas.



"Albergo la esperanza de volver a verlos, capullitos míos, y aparecerán flamantes, revoloteando, transformados en mariposas. Y quizás de mí renazcan pétalos, como de una rosa que no ha sido arrancada"

Llueven interrogaciones tras la ventana






cuando no hay nada,







cuando no hay luna.

sábado, 5 de mayo de 2018

La poesía se asemeja un poco
                     a esto,
un cóctel recitado,
algunas cervezas frías
y el sufrimiento sosegado
que se intercambia como mercancía
por algunos instantes de silencio.

Yo cuento una verdad completa
sufrida hasta la mitad

y escribir es el egoísmo de querer
                            sufrir,
es sembrar el camino de esquirlas
para destruirse los pies un poco
                   más adelante.

A decir verdad
               no siempre.

Yo en esta hora
-que es tu hora y es mi hora-
escribo casi desde el silencio,
mendigando un sufrimiento por
                     sosegar.
Pidiendo por tener esquirlas
con las que ametrallar este camino.

Podría medirse como flujo constante
que no se detiene.
Podría ser un sexo u otro sexo.

Ansiedad es escribir.
La misma que me lleva a
coger un lápiz o
a soltarlo antes de tiempo.

Excesivamente dilatada,
la poesía es
una última nota de
despedida amarga, feliz

e infinita.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Sant Jordi

Seguramente se me clavarán como metralla
los instantes infinitos de esta aurora,
nuestros recorridos entre retorcidas calles
y la misma habitación que no ofrece
más desayuno que nuestros cuerpos,
la probabilidad insalvable
de tu cariño presente para siempre
en la dulce vida de mis recuerdos.

Vienes proyectada en el tiempo,
hipotética pero decidida a labrar
la carne de mi espalda con tus uñas,
mientras tu cabello ensortijado
se corre como cortina sobre mis ojos
y tus auténticas sortijas reposan
sobre un libro cualquiera en la mesita.

Vienes con la alarma puesta
para irte en el momento más oportuno,
pero te vas inconsciente de la resaca de tus risas,
del eco de tus juegos y de los vasos que quedan
                               a medio vaciar
después de nuestras conversaciones nocturnas.

                       Vienes,
pero en realidad nunca te vas.